
Según las reglas de la evolución, no debería existir. La Molly del Amazonas (Poecilia formosa) es un pequeño pez de agua dulce compuesto enteramente por hembras que se reproduce de forma clonal, es decir, produciendo copias genéticas de sí misma.
Recibe ese nombre en honor a las feroces guerreras femeninas de la mitología griega, no por la cuenca del Amazonas, donde en realidad no vive. El pez habita en ríos cálidos y lagunas a lo largo de la frontera entre México y Texas.
Durante décadas, los científicos asumieron que esta estrategia reproductiva era un callejón sin salida evolutivo: sin mezcla genética, las mutaciones dañinas se acumulan generación tras generación hasta que la especie colapsa. Sin embargo, la Molly del Amazonas lleva más de 100.000 años desmintiendo esa teoría, y un nuevo estudio publicado en la revista Nature finalmente explica por qué.
En la biología evolutiva, la reproducción sexual tiene una función clave: mezclar el ADN de dos individuos para eliminar mutaciones perjudiciales y combinar características ventajosas. La lógica darwiniana indica que, sin esa mezcla, las mutaciones dañinas deberían acumularse con el tiempo y terminar extinguiendo a la especie.
A diferencia de la mayoría de los vertebrados, el Molly amazónico prescinde de la herencia paterna mediante un proceso llamado ginogénesis, basado en una forma de reproducción asexual conocida como apomixis. En este mecanismo, la madre produce huevos que ya contienen un conjunto genético doble y completo, por lo que no requieren del ADN del macho para completarse.
Sin embargo, las hembras aún necesitan aparearse con machos de especies cercanas para que el esperma actúe como un disparador biológico que inicie el desarrollo del embrión.
Al final, el material genético masculino es descartado y las crías nacen como clones idénticos de la madre, perpetuando un linaje exclusivamente femenino que desafía las reglas de la evolución sexual.
Cada generación es, en esencia, un clon de la anterior. Con nuevas generaciones naciendo cada tres o cuatro meses, la especie acumula unas 500.000 generaciones desde que apareció por primera vez, muchas más de las que la teoría estándar predice como tiempo máximo antes de la extinción.
El nuevo estudio, realizado mediante técnicas avanzadas de mapeo genómico, reveló el mecanismo detrás de esta supervivencia extraordinaria. El genoma de la Molly del Amazonas se reescribe repetidamente a sí mismo utilizando un mecanismo de reparación del ADN llamado conversión génica, en el que pequeños fragmentos de código genético son copiados de un cromosoma a otro.
Aunque la Molly del Amazonas acumula mutaciones más rápido que cualquiera de sus especies parentales, estas mutaciones no han resultado en degradación genética. En cambio, el pez logra purgar algunas mutaciones dañinas gracias a este proceso de reparación del ADN, en el que una versión de un gen sobrescribe a la otra.
En términos simples, funciona como un sistema de corrección automática dentro del propio ADN: cuando aparece una mutación perjudicial, el mecanismo la detecta y la reemplaza con una copia funcional del gen. Estos intercambios genéticos pueden borrar mutaciones desfavorables y a veces propagar las beneficiosas, permitiendo que la selección natural continúe operando.