Boca le ganó 1-0 en el Kempes ante Talleres. En la foto del triunfo volvieron a aparecer Bareiro, Merentiel y la joya Aranda. Pero más allá del resultado, hubo una imagen que terminó de explicar la noche.
Tomás Aranda frenado en la mitad de cancha, mirando a la gente y soltando lo que todos sentían. Todavía tenía la adrenalina por las nubes producto de su partidazo cuando levantó la vista hacia la tribuna. Se quedó unos segundos, como queriendo guardar la imagen. Y claro, lo que veía no era normal: “Están locos, vamos Boca”, tiró, rendido ante otra demostración de amor xeneize.
Porque lo del Kempes fue una postal repetida. Con 11 mil entradas agotadas, los hinchas coparon Córdoba y armaron una fiesta que pareció mudarse directamente desde la Bombonera. Hubo banderas, saltos y un aliento inagotable. Desde el gol hasta el final, el equipo jugó empujado por una tribuna que no paró de cantar ni un segundo.
Y en ese contexto, el pibe de 18 años volvió a decir presente. Aranda se metió rápido en el equipo y le dio ese desequilibrio e ingenio que se extrañaba desde la lesión de Exequiel Zeballos. Atrevido, encarador y sin miedo, empieza a adueñarse de un lugar que parecía vacante. Y encima, conectado con la gente: combo completo.





