
Si hay un responsable directo del triunfo parcial de Huracán es Galíndez. Así, sin vueltas. Porque en una noche donde el Globo pegó en los momentos justos para ponerse 2-0 ante Gimnasia, el arquero fue sostén, salvavidas y figura indiscutida. Cuando el equipo lo necesitó, respondió siempre.
Su show empezó temprano. En la primera mitad, Nacho Fernández probó con un remate con comba, buscando el palo más lejano. Era gol. Pero apareció la estirada monumental de Galíndez, volando de punta a punta para sacarla con lo justo. Una atajada de esas que valen más que un gol. Y en la continuidad de esa misma jugada, Panaro tuvo el rebote y la tiró afuera, pero la acción ya estaba marcada por el arquero.
En el complemento, Huracán sintió el desgaste y Gimnasia se le vino encima. Ahí, otra vez, emergió la figura del ecuatoriano. Primero, ante el Chelo Torres, que lo exigió con un remate a quemarropa: reflejos intactos, manos firmes y cero dudas. Y después, frente a Zalazar, que había ingresado y tuvo una definición cruzada que pedía red. Galíndez volvió a decir que no, con una respuesta sólida y, además, dando un rebote controlado hacia un costado, evitando el peligro.
Huracán lo gana 2-0, pero mucho antes ya lo había empezado a construir desde el arco propio. No fue solo una cuestión de atajadas: transmitió seguridad, ordenó a la defensa y sostuvo al equipo en los momentos más calientes.