Estrella Fugaz vuelven tres años después de Brillante (2022), con un disco que funciona como bitácora emocional de una ruptura, pero también como banda sonora de un momento vital donde todo se desintegra y se recompone.
Lucas Bolañoflanqueado por sus habituales Betacam en los teclados y Ricardo Ramos en la batería, construye aquí un artefacto más sobrio que su predecesor, que volcado hacia una indietrónica con mayor presencia de guitarras, se abre en un interesante equilibrio entre experimentación con texturas y el indie pop de manual.
El autor navega entre lo personal y lo ajeno, con ese costumbrismo en el que se invoca a personas con las que te cruzas o de las que decides alejarte, dando forma a un tejido donde lo íntimo y lo colectivo se retroalimentan. La canción inaugural «Olivia» es perfecto escaparate de ese tono reflexivo y cotidiano que se filtra entre una cama de sintes y una referencia al “Autobahn” de Kraftwerk. Fernando Alfaro le acompaña en una «Superpoderes» en la que comparten voces y universos turbios: «La gente muerta que aparece en tus sueños. Tiene superpoderes, son actores mágicos y al despertar ya no estarán presentes» junto a crujientes guitarras. Lo más interesante del disco es esa tensión contenida que Bolaño maneja como nadie con fogonazos de kraut, psicodelia de dormitorio o el noise noventero que aparece en momentos como «Vulcana». Por su parte, el dub está muy presente en esa joya que da título al álbum con la compañía de Miren Iza de tulsa y conjuga un expansivo ejercicio que desde ya, está entre lo mejor de su discografía.
En “Una calavera y un corazón” cruzan fronteras estilísticas entre el hyperpop y la electrónica, con una soltura sorprendente. También nos cautivan con la delicadeza de “Dos partículas” y cuando se abren a lo personal contando su movida con Lana del Rey en la peculiar “Hoy ha muerto João Gilberto”. El notwist asoman en esa «Estás tocando fondo» en la que nos recuerdan que «todo está en constante cambio», por su parte “Huele a saliva el micrófono” y “La folki” (con Marina Iñesta de repión) cierran el conjunto entre apuntes experimentales y de libre asociación, jugando con estructuras jazzísticas, vocoders y folk desarmado.
Al final, Una casa espacial dibujada en un A4 triunfa con sus paradojas; con esa reconfortante tristeza y una oscura luminosidad que invita a mirar hacia adentro, pero también a celebrar que seguimos vivos.
Escucha Estrella Fugaz – Una casa espacial dibujada en un A4