Si algo ha definido la trayectoria de morsey desde que irrumpiera al frente de los herreros, ha sido una hiperactividad casi obstinada. Durante más de tres décadas fue lanzando discos y singles sin descanso, hasta que tras el discreto Inadaptadoocurrió lo impensable: siete años de silencio y una abstinencia creativa inédita en su biografía. Un mutismo que terminó en 2004 con el excelente Eres la canteracon el que recuperó el trono perdido.
Desde entonces, su carrera transitó por cumbres y barrancos con la misma teatralidad que le caracteriza, pero retomando una disciplina casi británica en sus publicacione. Una racha que volvió a interrumpirse bruscamente tras No soy un perro encadenado (2020), con el que fue despedido de BMG pese a su gran recepción. Esto ha motivado un nuevo peregrinaje por sus infiernos personales durante seis años, en los que se ha proclamado víctima de la cancelación, ha cruzado reproches con su antiguo compañero de banda, Johnny Marr —con quien mantiene una guerra fría interminable— y ha ido dejando un repertorio de declaraciones, a cuál más desafortunada, junto a un inmenso reguero de cancelaciones que han terminado por erosionar la paciencia incluso de su parroquia más devota.
El maquillaje es una mentira llega como nueva tabla de salvación armada con canciones escritas durante estos últimos seis años, rescatadas de aquí y de allí con la intención que la música hable lo suficiente como para que el ruido quede, al menos por un rato, amortiguado. La noticia es buena, aunque conviene no exagerar el milagro. Este regreso queda a considerable distancia de aquella resurrección tan rotunda que supuso Eres la cantera y, en realidad, deja las cosas más o menos donde estaban. Un territorio ambiguo donde morsey sigue siendo capaz de firmar algunos momentos de brillantez, aunque ya no siempre logre que el conjunto esté a la altura de lo esperado.
El de Manchester canta mejor que nunca y Joe Chicarelli vuelve a engalanar su producción en arreglos contemporáneos que pronto asoman en la convincente apertura de “You’re Right, It’s Time”, en la que nos habla de cómo la gente pierde el tiempo en las pantallas en lugar de encontrar el amor verdadero. El impulso inicial, sin embargo, tropieza pronto con los adelantos previos: el correcto pero gris tema titular, una versión sorprendentemente edulcorada de “Amazona”, el clásico de música roxy, aquí despojado de su antiguo fulgor glam y la anodina “Notre Dame”, que a pesar de estar escrita junto a Alain Whyte durante su fugaz regreso, no convence con su historia islamófoba basada en bulos de la ultraderecha.
En «Headache» vuelve a subir el listón y vienen a nuestra cabeza algunos pasajes líquidos y melancólicos de Opel y yo (1993), mientras “Boulevard” y “Many Icebergs Ago” rescatan su vena más decadente. La ligereza pop patina en «Zoom Zoom the Little Boy» y «Kerching Kerching», pero convence en el pegadiza y funky “The Night Pop Dropped” y en “Lester Bangs”, plagada de guiños y referencias al recordado crítico musical. En álbum cierra en lo más alto, con un prodigio melódico llamado «The Monsters of Pig Alley» de nuevo salida de la pluma de por quéque nos hace terminar en parte reconciliados con un artista singular, que a pesar de sus arrebatos y contradicciones, todavía es capaz de engendrar pasajes de indudable belleza.
Escucha Morrissey – Make-Up Is a Lie