Que la gente de Boca lleva color y fiesta adonde va es una historia conocida. Pero no por eso dejan de sorprender las imágenes en el Claro Arena, tratándose de la primera fecha de una competencia que les demandará a los hinchas muchos más esfuerzos económicos en pos de seguir al equipo.
Claro, la larga espera para volver a jugar una fase de grupos de Copa Libertadores seguro que influyó, como también la expectativa que se fue generando a medida que avanzaban los días y las informaciones respecto a la posibilidad de que se vendan o no entradas para visitantes se terminara haciendo realidad.
Finalmente, la presión de Conmebol ante la firmeza de Boca como club terminaron logrando que la Católica ceda en su intención primaria de otorgar menos de 500 entradas y termine vendiéndole a la parcialidad de Boca 2000 localidades.
Sin problemas pero con una decisión fuerte
Si bien la organización del ingreso no presentó inconvenientes (así como el transcurrir del día en Santiago, a excepción de sucesos aislados), hubo sí un hecho que marcó la rigurosidad en los controles, tal lo anunciado en la previa.
¿De qué se trató? De la imposibilidad que tuvo Mauro Martín -uno de los líderes de la barra xeneize- para entrar a Chile en los controles migratorios del aeropuerto. Si bien no está incluído en la lista de personas con derecho de admisión (como sí lo está Rafael Di Zeo, quien ni siquiera viajó), la seguridad chilena no le permitió entrar al país, con el aval de sus antecedentes policiales.
De esa manera, Martín tuvo que volver a la Argentina, aunque otro grupo de la 12 sí pudo dar el presente en la cancha.

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