El fanatismo que genera la figura de Juan Román Riquelme como ídolo de Boca trasciende generaciones. Si no, no se explica cómo Santiago Acuña -quien nació en 2001, cuando al primer ciclo de Román en el club le quedaban apenas meses de duración- tenga semejante amor por un jugador que tan solo vio brillar con la camiseta de sus amores cuando era muy chico.
Lo lleva tatuado en su pierna izquierda, y por eso llamó la atención del entorno del presidente de Boca hace ya un tiempo, aunque aquel encuentro en medio de su trabajo no pasara a mayores. Es que Santiago es maletero en la pista de aterrizaje del aeropuerto de Ezeiza. Y su horario de trabajo va desde las 18 horas hasta las 6 de la mañana del día siguiente. Momentos en los que Boca juega y en los que gran parte de la actualidad futbolística se desarrolla.
Pero eso no lo mantiene alejado de su pasión, para nada. Atento a todo, su régimen laboral de dos días trabajando y dos de franco le permite -cuando el calendario le da la chance- ir a la cancha. Y de tanto tener a Boca en la cabeza tiene claro que el 11 de mayo del 2024 el plantel que dirigía Diego Martínez se iba rumbo a Tucumán para visitar a Atlético, cuando se animó a intentar un cruce con el ídolo.
«Fue justo al otro día de tatuarme. Y me acerqué a la gente de Boca y me pidieron mi número. Después no pasó nada, al equipo le fue mal y yo sabía que no era el momento. El miércoles yo estaba haciendo el vuelo y sabía que venía él. Pero no quería molestarlo, hasta que un compañero le pidió una foto… y ahí me animé».
Video: Santi Acuña (@freemollyyy) en X
El relato de Santi entra en un momento culminante justo cuando entra en escena su interacción con Román. La cual -muestra de la improvisación del pedido- requirió de la paciencia del presidente, además de un gesto clave.
El fibronazo
«Le mostré el tatuaje y le dije que quería que me lo firme. Me pidió un fibrón y le dije que no tenía nada. Entonces se subió al micro y empezó a buscar uno él mismo. Bajó y me firmó. Y después, se sacó la campera y me dijo ‘tomá, loco’, y me la regaló…«, relata, volviendo a emocionarse justo en el comienzo del domingo.
Una mañana tras el empate de Boca ante Independiente. Y las horas posteriores al final de su jornada, justo antes de irse a dormir pero dispuesto a atender a Olé. «Yo creo que todavía no logro caer de lo que pasó y de lo que viví. No lo puedo creer»subraya.
En la piel
Los pasos que siguieron fueron los que siempre planeó: salir corriendo del trabajo a su casa y buscar a su hermano Caín para que le tatuara la firma sobre la misma imagen donde tenía grabada la cara de Román. Así quedó sellado su amor por el 10, no sólo por la idolatría y su homenaje anónimo, sino desde ese momento con el lujo de tenerlo de su propio puño y letra.
«En el momento no dimensioné lo que viví. Román, para mí, de toda la vida. Por mi papá, por mi mamá, que me hicieron fanático de Boca y siempre la locura fue por Román». Locura que hoy lo llevó a tenerlo en la piel. «¿Ahora sí?», le preguntó JR según se ve en el video, tras la firma. Sí, ahora sí. Y para siempre.








