19/04/2026 16:54hs.
Fue una imagen que pareció viajar en el tiempo. Un regreso directo a las postales de los 90 y los primeros años del 2000. El Monumental se transformó en un torbellino blanco y rojo cuando unas 52 toneladas de papelitos -52.000 kilos cortados a mano durante tres semanas- volaron por el aire para recibir al equipo de Eduardo Coudet en el superclásico ante boca. El impacto visual fue inmediato: el estadio entero quedó envuelto en una lluvia interminable que cubrió tribunas y césped, en una escena tan caótica como emotiva.
Detrás de esa postal hubo una logística milimétrica que funcionó con precisión. Apenas terminó el recibimiento, cerca de 50 sopladoras -alquiladas especialmente por el club- irrumpieron en el campo de juego junto a decenas de voluntarios de la Subcomisión del Hincha.
En ese marco, la hinchada también desplegó un trapo en homenaje a Norberto “Beto” Alonso con la leyenda “Gracias Beto”, acompañado por la imagen del ídolo gritando su histórico gol en La Bombonera en 1986, del que el pasado 6 de abril se cumplieron 40 años, con el propio Beto presente en el estadio. Además, en las tribunas se multiplicaron las banderas blancas: algunas con la figura del Beto y la recordada pelota naranjay otras con el histórico escudo del león, reforzando una escenografía cargada de identidad y memoria riverplatense.
Antes de que estallara el recibimiento, durante la presentación del equipo, el Monumental ya había marcado el pulso de la noche. El más aplaudido fue Sebastián Driussiovacionado desde todos los sectores, seguido por Gonzalo Montiel y Lucas Beltrántambién muy reconocidos. Eduardo Coudet y Facundo Colidioen tanto, recibieron un respaldo importante en ese primer contacto con la gente, anticipando el clima fervoroso que luego explotaría con la lluvia de papelitos.
La organización había comenzado semanas antes y se ejecutó paso a paso. Los hinchas, protagonistas centrales, se encontraron al ingresar con bolsas de papelitos distribuidas estratégicamente: una cada cuatro butacas. La consigna fue clara y se cumplió casi a la perfección. Cuando el equipo salió al campo, miles de manos rompieron las bolsas al mismo tiempo y desataron la lluvia desde las tribunas altas, generando un efecto envolvente que potenció el espectáculo.
El material había sido previamente pesado y trasladado en etapas hasta las bandejas superiores del estadio. Esa decisión no fue casual: desde mayor altura, el papel logra un recorrido más largo y una caída más vistosa, replicando aquellas imágenes icónicas que marcaron una época en el fútbol argentino. Cada sector -Sívori, Centenario, Belgrano y San Martín- formó parte de una coreografía colectiva que convirtió al estadio en un escenario total.
La iniciativa, impulsada por la Subcomisión del Hincha, tuvo un objetivo claro desde el inicio: recuperar uno de los rituales más emblemáticos del fútbol local. Durante tres semanas, decenas de personas trabajaron cortando papel de manera artesanal, en una tarea paciente que encontró su recompensa en esos minutos de gloria antes del partido.
En tiempos donde este tipo de recibimientos había quedado relegado por cuestiones organizativas y de seguridad, River logró reactivar una tradición que parecía perdida. Y lo hizo a lo grande. El resultado fue más que un recibimiento: fue una declaración de identidad, una reconstrucción colectiva de la memoria y una imagen que, como aquellas de antaño, promete quedar guardada por mucho tiempo.





