Antes de las 16 ya era imposible estacionar en las inmediaciones de La Rural de Palermo. Incluso era imposible estacionar en el resto del barrio y eso ya era un indicador. Pero a tres cuadras ya quedaba claro que esas mareas humanas que circulaban iban todas hacia los dos ingresos más habituales de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires: tanto la entrada de Avenida Santa Fe como la de Sarmiento estaban colapsadas porque este viernes 1 de mayo, Día del Trabajador, la capacidad del predio fue realmente desafiada por muchos miles de personas.
La escritora Claudia Piñeiro en el espacio cultural de Clarín-Ñ. Foto: Mariana Nedelcu«Hoy es un día histórico porque hace mucho tiempo que no vemos tanta gente en la Feria», explicó a Clarín el presidente de la Fundación El Libro, Christian Rainone, entidad organizadora de la muestra, que este año tiene a Perú como país Invitado de Honor. «El público colmó todas las salas, los pasillos, es imposible caminar y recién son las 19 y siguen entrando personas», agregó.
Guillermo Francos en la Feria Internacional del Libro. Foto: Mariana NedelcuPara el final de la jornada, todavía estaban por comenzar la programación de la Rock & Pop en la carpa de la pista central, con capacidad para cuatro mil personas de pie, y muchas de las charlas más convocantes. «Esperamos que de acá al 11 de mayo esto siga siendo una fiesta», concluyó Rainone.
Una de las explicaciones es la propia fecha, el feriado por el Día del Trabajador, una tarde apacible que invitaba a salir de casa. Otra, el bolsillo: es probable que muchos hayan recibido su salario con el primer día del mes. Y, no menos importante, la agenda de presentaciones y actividades era imbatible.
En el espacio cultural de Clarín-Ñ, la tarde comenzó con la actriz Elisa Carricajo, integrante del grupo Piel de Lava, que presentó su libro Esto también es tarot ante un auditorio lleno. Una hora más tarde, fue el turno de la escritora Claudia Piñeiro, que saludó a un público incluso más numeroso. Todas las mesas estaban ocupadas, todas las sillas, las plataformas e incluso no pocos lectores siguieron el diálogo de pie.
¿Qué nos pasa cuando dormimos? Diálogo con Diego Golombek en el espacio cultural de Clarín-Ñ. Foto: Mariana Nedelcu.Mientras Piñeiro describía cómo sus novelas se transforman en películas, series y obras de teatro y cómo se escriben historias para ser interpretadas por actores, una fila crecía y crecía en un lateral del Pabellón 9.
Eran los fans de Santiago Speranza, que presentó Fiesta presentación ante cientos de jóvenes lectores que luego lo esperaron horas para recibir un autógrafo, una dedicatoria y una selfie. Cuando Claudia Piñeiro se despidió, la fila de adolescentes seguía creciendo. Y siguió igual durante toda la charla con el científico Diego Golombek, que descubrió todos los misterios del sueño y del insomnio.
Más y más gente
También los pasillos estaban atiborrados mientras ingresaban más y más personas. Hubo quien temió por la capacidad de los pabellones de La Rural, que experimentaron esta tarde un desafío. Era tanta la cantidad de asistentes que pasar del Pabellón Verde, donde están los grandes grupos editoriales y las casas más conocidas, a los laterales (el Azul y el Amarillo) podía demandar hasta 15 minutos, solo para desplazarse unos 50 metros.
Gente y más gente en la Feria del Libro este viernes feriado. Foto: Mariana Nedelcu.Otro reto fue pagar una compra. Las colas serpenteaban hasta la locura, mientras las redes de datos y las billeteras virtuales se tomaban su tiempo para completar las operaciones ante la desesperación de cajeras y cajeros que, para las 19, ya parecían extenuados.
La jornada convocó a varios popes de las letras, entre bestsellers, de culto y populares. Incluso políticos como el exjefe de Gabinete Guillermo Francos dijeron presente. Todos sumaron sus lectores a una jornada como hacía mucho tiempo no se veía. Gloria V. Casañas presentó su novela El otoño del huemul ante un centenar de personas en la sala Alfonsina Storni, mientras en simultáneo Felipe Pigna volvía a los años setenta con su nuevo libro 76, en la sala José Hernández, en la que se acomodan hasta medio millar de personas.
Mientras la gente seguía entrando y eran muchos los que se preguntaban cuántas personas más podían caber en un espacio que no parecía flexible, comenzaban los Diálogos de Escritoras y Escritores de Argentina, que, con curaduría de Fabiana Scherer, convocaron a Esther Cross, Luis Sagasti, Fernanda García Lao, Santiago Loza, Clara Obligado, el ganador del Premio Clarín Novela Luciano Lamberti y la jurado de Honor de la edición 2026 Betina González.
A esa misma hora, una de las figuras internacionales más esperadas comenzaba también su presentación: el cubano Leonardo Padura presentó su libro Morir en la Arena en diálogo con la periodista y escritora Patricia Kolesnicov en la sala Victoria Ocampo y, un rato después, sería el turno del ganador del Premio Alfaguara David Toscana, que trajo a la Argentina su novela El ejército ciego.
A las 20.30 muchas familias pueden haberse repartido. Los amantes de la literatura, sin duda, no se perdieron la entrevista con el editor y legendario agente Guillermo Schavelzon, que, en diálogo con la periodista Verónica Abdala, recorrió seis décadas de secretos, descubrimientos, hallazgos, peleas y grandes amistades de la literatura latinoamericana.
Por su parte, los fans de las novelas adictivas con seguridad fueron hasta la sala Alejandra Pizarnik a escuchar cómo hizo el español Mikel Santiago para hechizarlos con cada uno de sus libros, en este caso La chica del lago.
Para las 20, unos cuantos habían vuelto a casa y los pasillos, colmados, ya mostraban por momentos el color de las alfombras. Mientras la gente seguía llegando, la sensación de asfixia había caído algunos grados, pero la concurrencia seguía siendo alta.
Más ventas
A esa hora, la pregunta era: mucha gente, ¿equivale a más ventas? En las cajas de Planeta, que tiene tres espacios en la Feria, el gerente comercial estaba en condiciones de asegurar a Clarín que las ventas eran superiores a la edición de 2025, que también había tenido una buena jornada el 1 de mayo.
Por su parte, en el stand de Corregidor, también en el Pabellón Verde, los responsables afirmaron: «Finalmente, podemos decir que empezó la Feria». La editorial independiente, que lleva más de 50 años en el mercado argentino, ocupa un stand amplio en el corazón de la muestra: «Este año había tenido un inicio flojo, pero en nuestro caso, estamos un 10 a 12 por ciento arriba en cantidad de ejemplares vendidos y es una buena señal», agregaron.
Gente y más gente este viernes en la Feria del Libro. Foto: Mariana Nadelcu.Y aunque advirtieron que la Feria nunca es una isla y refleja lo que sucede en el país, «la gente viene con ánimo de comprar, viene a pagar una entrada, un estacionamiento y a pasear en familia. Vemos menos bolsas que en otros tiempos y menos libros en las bolsas que vemos, pero la verdad es que la gente está respondiendo muy bien«.