Esa noche, cuando sonó el teléfono en la redacción, el periodista y escritor Jorge Fernández Díaz reconoció la voz de su padre en ese hombre que, sin saludarlo siquiera, le preguntó: «¿Va a recuperar el dinero?». Hacía tiempo que la relación era distante, de manera que ese contacto inesperado era sorprendente tanto como lo era la consulta: el hombre necesitaba conocer cómo seguía la trepidante historia que su hijo publicaba día a día en el periódico. Los parroquianos del bar en el que trabajaba de mozo estaban inquietos y él podía llevarles calma. «Sí, recupera la plata», respondió, emocionado hasta las lágrimas. «¿Estás seguro?», porfió el hombre. «Sí, lo escribí yo», ratificó el hijo. «Bien», cerró su papá y cortó sin más. Esta noche, el autor de Mamá y El secreto de Marcial contó esta y otras historias en el espacio cultural de Clarín-Ñ en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
El periodista y escritor Jorge Fernández Díaz dialogó con el editor general de Ñ, Héctor Pavón, en el espacio cultural Clarín-Ñ de la Feria del Libro. Foto: Martín Bonetto.Días atrás, Jorge Fernández Díaz hizo algo poco habitual en la Feria: se presentó en la sala José Hernández, la más grande de La Rural porque caben 500 personas sentadas, y conversó con su público solo, sin entrevistadores ni acompañantes. Solo él y una vida consagrada a la literatura y al periodismo, que no es poco. Esta tarde sí tuvo un interlocutor, que fue el editor general de revista Ñ, Héctor Pavón, y juntos revisaron su obra, sobrevolaron el presente del país, pusieron en foco a las redes sociales y volvieron sobre los ataques que le prodigó el presidente Javier Milei.
Sobre su trayectoria, Fernández Díaz recordó que, después de haber sido periodista desde los 19 años aproximadamente, fue promovido a secretario de Política en La Nación: «Una época muy intensa», puntualizó. En esos tiempos, definió que su columna sería la de un escritor: «Una columna de un escritor político», explicó.
El amparo de los libros
Ser un escritor político implicaba, según detalló, «tener un punto de vista y ser esencialmente un lector. Me obligaba a ampararme en los libros, volver a las bibliotecas, releer a los autores que había leído en mi juventud e incorporar a mi biblioteca muchas cosas«. Esa mecánica de trabajo exigente y demandante tomaba muchas horas y muchos días a la semana a lo largo de los años.
Gracias de corazón a todos los lectores que me acompañaron en la Feria del Libro y también a los que luego me comunicaron su sincera emoción por «esa crónica de una gran pasión», que atravesó toda mi vida y que tuvo como protagonistas a mis padres: (Sigue) pic.twitter.com/YeTwb2M3t8
— Jorge Fernández Díaz (@fernandezdiazok) May 4, 2026
Esa rutina, como tantas, se quebró en la pandemia: «Me aburrí de escribir una columna y volví a mirar todas las películas con las que crecí, que son las películas en blanco y negro que mirábamos en el programa Cine de Superacción o en Hollywood en castellano y El mundo del espectáculo. Básicamente, eran las de la edad dorada de Hollywood», compartió.
Fue en esos filmes, a los que no les falta tanto para llegar a la centuria, en los que descubrió algo: «Por alguna razón, encontraba analogías con el presente. Eso generó una vuelta de tuerca de la propia columna», rememoró. El proceso de transformación cerró más recientemente, cuando el periodista pensó en transformar su espacio: «Pedí al diario dejar ese lugar para hacer una columna más pequeña, más manual para mí».
Fernández Díaz explicó que una pregunta motoriza su escritura, sea periodística o literaria: «¿Qué puedo decir yo que no se haya dicho o no se vaya a decir? Por ejemplo, el domingo pasado elegí recuperar lo que Mario Vargas Llosa decía. Él hacía una discrepancia profunda con la política de Javier Milei, sin nombrarlo, por supuesto, sino sobre su concepto. Porque el dogmatismo económico lleva al autoritarismo y el autoritarismo es un viejo problema que tuvo el liberalismo en el siglo XX, por lo menos«, apuntó.
Sobre sus lecturas fundantes, el autor de policiales como El Puñal (2014), La Herida (2017) y La Traición (2020) consideró que nunca dejó de ser aquel niño «que veía aquellas películas, que leía al mismo tiempo la colección Robin Hood y Jorge Luis Borges, cuando me lo enseñó una maestra del Carlos Pellegrini, adonde iba. Fue como si hubiera abierto una puerta que yo no sabía que existía en el muro. Y esa puerta dio a muchos otros otros lugares», compartió.
Fue poco después que ese jovencito asumió que la escritura era lo que quería hacer: «No le gustó mucho a mi padre, que era un mozo del bar, que era inmigrante, y que, cuando descubrió que yo quería ser escritor, creyó que yo quería ser vago. Es que aquel era un periodismo lleno de bohemios, alcohólicos, eruditos. Yo estaba leyendo una novela policial y luego iba a la morgue porque trabajaba de reportero en Policiales y terminaba cenando con un compañero que te recitaba a Dante. Era un mundo alucinante, de comisarios y de alta literatura. Cuando mi padre vio eso, confirmó absolutamente que yo iba hacia el desastre más absoluto«.
El periodista y escritor Jorge Fernández Díaz en el espacio cultural Clarín-Ñ de la Feria del Libro. Foto: Martín Bonetto.Estudios gozosos e incesantes
Jorge Fernández Díaz es, además, integrante de la Academia Argentina de Letras, a la que definió como «un lugar extraordinario donde hay escritores, lingüistas, donde se hacen tertulias, donde se estudia, en particular se estudia a Borges de manera gozosa e incesante». El autor y académico recordó que su ingreso se formalizó con la lectura de un discurso sobre el articulismo: «Como sucede muchas veces, las columnas de los grandes escritores fueron importantes. De hecho, este país fue construido por columnistas. Sarmiento, Alberdi, Mitre, Mansilla, que, por supuesto, eran políticos y militares, pero se sentían profundamente convocados por la escritura y el debate. Las bases de nuestra Constitución son un reciclado de las columnas que había escrito Alberdi en distintos periódicos», subrayó.
Las bases de nuestra Constitución son un reciclado de las columnas que había escrito Alberdi en distintos periódicos.
Jorge Fernández DíazEscritor y periodista
De los periódicos tradicionales, Fernández Díaz pasó a analizar las redes sociales y su impacto en el presente: «X me parece fundamental para trabajar. Yo no puedo concebir no revisar ese lugar tan tóxico y, al mismo tiempo, tan rico en cosas extraordinarias al mismo tiempo».
Y se permitió reconocer que «con las redes sociales tenemos la confirmación plena de que la sociedad está llena de estúpidos» y, al mismo tiempo, celebrar que, «a la vez, hay gente extraordinaria, gente inteligente, punzante, que a lo largo de un día es capaz, con muy pocos caracteres, de llevar a cabo una polémica intensa y positiva, que a los periodistas, si sabemos procesarla, nos sirve mucho».
El periodista y escritor Jorge Fernández Díaz en el espacio cultural Clarín-Ñ de la Feria del Libro. Foto: Martín Bonetto.Fue precisamente en esa red, antes conocida como Twitter, que el periodista fue atacado por el presidente con insultos rabiosos: «Publiqué una nota en la que decía que Milei es un populista de derecha. Y eso armó un lío gigantesco, me cayó rápidamente encima con una obsesividad increíble. Ahora, se mete con todos, pero a mí me apuntó y me apuntó y me apuntó y me apuntó, y nada de eso fue inocuo para mí«.
Los sinsabores de la ira presidencial fueron, sin embargo, compensados: «Curiosamente, ese artículo trascendió la frontera de la Argentina y me hizo ganar el Premio Mariano de Cavia», recordó el autor, en referencia a uno de los galardones periodísticos más prestigiosos de España, otorgado anualmente por el diario ABC desde 1920.
Jorge Fernández Díaz es un profesional habituado a los reconocimientos, pero este galardón tuvo un elemento singular y emocional: «Lo entregan los reyes de España, así es que tuve que alquilar un smoking –bromeó mientras una fotografía en la pantalla lo mostraba acompañado por los monarcas–. Ese fue un momento muy impresionante para mí, porque el rey, cuando da el discurso, se ve obligado por las circunstancias a nombrar a las dos personas más importantes de mi vida, las que me formaron, incluso a pesar suyo, y me desafiaron: mis padres, dos asturianos salidos de dos aldeas muy pobres, que apenas tenían la primaria hecha, que no eran grandes lectores y que, sin embargo, me sentaron a ver las películas que me formaron y me dieron la colección Robin Hood. Y el rey los nombró: Marcial y Carmina. El rey de ellos. Yo estaba sentado ahí y sentí una oleada por dentro muy fuerte«, evocó con emoción.
El periodista y escritor Jorge Fernández Díaz en el espacio cultural Clarín-Ñ de la Feria del Libro. Foto: Martín Bonetto.Una fábrica de literatura
Sobre su labor como analista político, el periodista aseguró que le pareció «interesantísimo discutir toda la liturgia peronista de raíz, algo que para algunas personas debe ser una herejía, pero a mí me pareció interesantísimo porque es discutir algo que es en sí mismo una fábrica de literatura. No me parece tan interesante la discusión con los libertarios«, admitió.
Y anudó su labor periodística a la narrativa: «Como yo quería ser detective en la infancia, puedo asegurar que las de detectives son novelas muy personales, personalísimas incluso. De hecho, muchas de ellas me permiten contar cosas que sé que ocurren. Pude contar cómo funcionan las mafias, los servicios de inteligencia, la política y los feudos gracias a las novelas, que se han vuelto un instrumento literario para contar cosas que aprendí como periodista».
El periodista y escritor Jorge Fernández Díaz en el espacio cultural Clarín-Ñ de la Feria del Libro. Foto: Martín Bonetto.En ese sentido, Fernández Díaz subrayó: «Los periodistas muchas veces sabemos muchísimo más de lo que publicamos, porque no podemos probarlo y, como no podemos probarlo, no podemos publicarlo. Yo, en este momento, sé más o menos cómo funciona y qué hay detrás del dinero del jefe de Gabinete. Pero no lo puedo decir porque no lo puedo probar, pero lo sabemos muchos periodistas. Pero ahí hay un gap y esa frontera no se puede romper porque se rompería un contrato de lectura. A mí, la ficción siempre me permite cruzarla».