
Una ecografía a las 22 semanas de gestación reveló que el feto de Katie Moser, de 32 años, tenía el intestino delgado gravemente dilatado y líquido alrededor del abdomen. Lo que venía siendo un embarazo tranquilo se convirtió en una preocupación extrema, pero con final feliz.
El 4 de noviembre de 2025 en Hackensack Meridian Jersey Shore University Medical Center, en Nueva Jersey, su hijo Ryan nació por cesárea de emergencia y fue operado siete horas después para extirpar la porción intestinal dañada.
Durante el embarazo, Katie contó que todo iba bien hasta que la ecografía mostró la imagen preocupante. El médico le explicó que la apariencia podría obedecer a varias causas: una condición genética, una torsión o un bloqueo del intestino, o incluso un falso positivo, y que la causa definitiva se conocería al nacer, revela People.
Por tal razón recibió controles semanales y su caso fue remitido al programa Healthy Beginnings para embarazos de alto riesgo del hospital.
El trabajo de parto activo comenzó a las 3 de la mañana con 36 semanas de gestación. Tras una hora y media de pujar, el progreso se estancó y la frecuencia cardíaca de Ryan se aceleró, por lo que los médicos realizaron una cesárea de emergencia. El bebé nació a las 7:55 sin respirar y fue trasladado a la unidad de cuidados intensivos neonatales (NICU).
Unos 45 minutos después del nacimiento, mientras la madre se recuperaba, el equipo de cirugía pediátrica le informó que observaban un problema serio en el intestino del recién nacido.
Los cirujanos operaron a Ryan siete horas después de su llegada al mundo. Durante la intervención constataron que un tercio del intestino delgado murió en el útero y debió ser extirpado.
El doctor Mark Kayton, jefe de cirugía pediátrica del hospital, señaló que Ryan fue muy fuerte y había “luchado para llegar aquí”, y aseguró que lo cuidaría “como si fuera suyo”.
El equipo médico valoró positivamente que el corazón y los pulmones del bebé estaban bien desarrollados, lo que contribuyó a un pronóstico optimista tras la operación inicial.
Tras la primera cirugía, Ryan permaneció seis semanas en la unidad neonatal para recuperarse y ganar fuerza antes de una intervención posterior destinada a reconectar su intestino.
La segunda operación se realizó el 12 de diciembre: días después comenzó a alimentarse y a tolerar las tomas.
Katie y su esposo Matt se turnaron para estar con el pequeño Ryan en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (NICU, por sus siglas en inglés),mientras atendían además a su hijo mayor, Kyle, que entonces tenía 3 años.
Según contaron al medio, Ryan estuvo internado durante Acción de Gracias y Navidad y el personal intentó hacer esas fechas especiales en la unidad. La salida del hospital se produjo el 27 de diciembre, cuando el bebé ya estaba totalmente recuperado y comía bien.
Sobre la noticia del hallazgo prenatal y los días posteriores, Katie reveló que se sintió desbordada: “Recuerdo llorar y sentirme aterrorizada”, señaló, y destacó la importancia del equipo médico durante el proceso.
En el seguimiento posterior, Ryan, que tiene 6 meses, ya empezó a comer alimentos sólidos y está alcanzando sus hitos del desarrollo según informaron sus padres.
Como consejo a otras familias que atraviesen situaciones similares, Katie recomendó confiar en los profesionales, mantenerse positivos y ser los mayores defensores del niño aun cuando internamente haya miedo.
«Los bebés se alimentan de esa energía y sabrán que tienen una fuerza positiva y optimista de su lado”, reflexionó.
El caso ilustra la coordinación entre obstetras, cirujanos pediátricos y neonatólogos frente a hallazgos prenatales preocupantes, y muestra cómo la intervención temprana y el cuidado en unidades especializadas pueden ser determinantes en la evolución de recién nacidos con malformaciones o lesiones intestinales.