
Jim Crow era un personaje teatral creado por el autor y actor norteamericano Thomas D. Rice (1808–1860), que convirtió a su creación en el arquetipo del afroamericano. Se dice que Rice se había inspirado en un esclavo que tenía una pierna más corta y cantaba y bailaba una melodía popular llamada “Jump Jim Crow”.
Para representar al hombre de color, el mismo Rice se pintaba la cara de negro, costumbre que se popularizó durante el siglo XX con personajes como el de Al Jolson en The Jazz Singer. Cuando, después de la Guerra Civil, se instauraron las normas de segregación racial en los Estados del Sur, estas se conocieron como las leyes de Jim Crow.
Según ellas, la gente de color debía permanecer “igual pero separada”. En realidad, esta expresión era una burla, ya que blancos y negros estaban separados, pero no eran iguales. Los niños negros no podían ir al mismo colegio que los blancos; el transporte tenía más lugar para los caucásicos que para la gente de color, y un matrimonio interracial estaba completamente prohibido. En varios estados, los negros no podían votar por cuestiones de alfabetización.
La discriminación llegó a tal extremo que, cuando Jesse Owens ganó cuatro medallas en las Olimpiadas del 36, fue aclamado por el público alemán, pero el presidente Roosevelt no lo recibió en la Casa Blanca y, durante la recepción en su honor en un lujoso hotel de Nueva York, Owens debió entrar por la puerta de servicio porque la gente de color tenía prohibido el acceso al hall de dicho hotel…
Desde que se instauraron estas leyes hubo intentos de derogarlas por abogados como Charles Sumner (1811–1874), ex ministro del presidente Lincoln, y Benjamin Butler (1818–1893), general de destacada actuación durante la Guerra Civil.
Sin embargo, todos los intentos para abolirlas chocaron contra una coalición de representantes demócratas blancos de los estados sureños, unidos en un sólido bloque obstinado en mantener el status quo.
En 1892, un hombre de color llamado Homer Plessy compró un pasaje en un vagón de tren exclusivo para blancos. Obviamente, fue arrestado, pero Plessy era miembro de un grupo que intentaba cambiar las leyes de Jim Crow y presentó un recurso de amparo ante la Corte Suprema de Justicia. Esta determinó que las leyes de Jim Crow eran legales y que lo de “separados pero iguales” tenía vigencia legal…
Mientras tanto, la ley se imponía con movimientos supremacistas como el Ku Klux Klan. No solo se necesitaba la ley para mantener la segregación: era necesario el terror. Películas como El nacimiento de una nación, de David W. Griffith (1875–1948), donde aparecen estos “caballeros de blanco”, fue alabada por el presidente Woodrow Wilson en 1915.
A pesar de que los afroamericanos habían sido destinados a trabajos de maestranza durante la Segunda Guerra, el valiente desempeño de muchos soldados creó un movimiento de integración que culminó con el caso Brown contra el Consejo de Educación, patrocinado por el abogado Thurgood Marshall (1908–1993).
A Oliver Brown le habían impedido anotar a su hija en un colegio para blancos que estaba a pocas cuadras de su hogar, y la niña se veía obligada a viajar varios kilómetros para asistir a un establecimiento de gente de color.
La defensa de Marshall dio sus frutos el 17 de mayo de 1954. Fue el fin de una larga batalla legal y el comienzo de una contienda civil, porque la oposición fue ruidosa y obstinada. Thurgood Marshall fue nombrado miembro de la Corte Suprema durante el gobierno de John F. Kennedy. En 2016 se desegregó la última escuela en Cleveland, Mississippi.