Son verdaderas moles escalonadas que se completan con un póker de torres lumínicas que ofician de faros, puntos de referencia. Es apenas cuestión de levantar la vista desde cualquier sitio del Paraje Chateau Carreras, desde Parque Modelo, desde el Bajo Villa Belgrano, desde Valle del Cerro, desde las cercanías del Suquía, para verlas cómo se pierden casi invadiendo el espacio aéreo, como metiéndose en el propio campo de juego. El Mario Alberto Kempesse sabe, tiene una arquitectura única e inmensa. Tentadora para los grandes eventoscomo la final del torneo Apertura 2026.
Entre la Gasparini y la Ardiles, plateas interminables; entre la Artime y la Willington, cabeceras populares, la propia Agencia Córdoba Deportes asegura en su cuenta oficial que el estadio más importante de la provincia mediterránea cuenta con una capacidad para 56.926 espectadores que suele redondearse en 57.000.
Por cuestiones de seguridad, todo un pecado, el templo que recibirá a la definición del primer certamen local del año contará con 7000 plazas menos, flor de pulmonazo, que desembocará en la salomónica decisión de otorgarle 25.000 lugares a cada una de las dos parcialidades. Porque más allá de la presencia de Belgrano en la ciudad desde hace 121 años, contra River no será necesariamente local. Sin embargo, habrá otro sector extrañamente vacío en La Docta. Bah, cuatro sectores.
Originalmente, de cara al Mundial 78 en la Argentina, se pensó en un gran estadio para alrededor de 60.000 personas en las afueras de la capital cordobesa. Al final, se optó por una idea constructora inspirada en los grandes monumentos deportivos de la década del ’60 y del ’70, tales como el estadio Olímpico Universitario en el Distrito Federal de México (sede de los Juegos de 1968) y el estadio Olímpico de Munich, casa principal de los JJ.OO 1972 y de la Copa del Mundo 1974.
“Veníamos del mal recuerdo de la Puerta 12 en 1968 y estaba entonces muy presente el tema de la seguridad de los espectadores a la hora de pensar en levantar un estadio. Cuando se construyó el Córdoba, se lo proyectó con una inclinación de apenas 30° en las cabeceras para evitar avalanchas. Si bien, y mucho más con la pista de atletismo que circundaba la cancha, la visibilidad era escasa, se sacó las mejores calificaciones. Los jugadores quedaban lejos pero la vista panorámica era envidiable…”, le cuenta a Olé el director del Museo del Kempes, el periodista Gustavo Farías.
Sin embargo, las cosas cambiaron con el paso del tiempo. Y el pasado y el presente cruzaron sus futuros. Cuando Córdoba fue elegida casa de la Copa América 2011, la chance de modernizar el viejo estadio Mundialista fue aprovechada. Era la gran oportunidad de ampliarlo e, incluso, cambiar la mirada: acercar los ojos del espectador a los protagonistas.
“Para tener una mejor perspectiva se decidió elevar a 45° la inclinación de las tribunas para, además de aumentar la capacidadintentar que el techo de la platea principal se equipare con el resto de los sectores y poder cerrarlo”, agregó uno de los principales historiadores del fútbol cordobés. Semejante tarea cayó en manos de Astori, empresa constructora local que ganó la licitación y se lanzó a cumplir con los deseos provinciales.
“Hicimos los cálculos estructurales y comenzamos rápidamente los trabajos contrareloj…”, recordó Nicolás Emma, desarrollador de la expansión, en diálogo con Olé. No había mucho tiempo que perder así que, de antemano y para ganarle al reloj, se tomó la decisión en muchos sectores de construir encima de lo ya edificado.
“ Fue un trastorno ejecutarlo porque las populares tenían esas pendientes que eran tremendas, muy planas. Observabas a los futbolístas como a 200 metros, je. Así se arrimó hacia la cancha, se superó la línea del foso y se hicieron las tribunas más verticales para mejorar la visión. Hicimos todo en ocho meses y tuvimos que trabajar de una manera bestial. Nos dimos cuenta que no tenía sentido demoler lo que había porque, en definitiva, debíamos utilizar el mismo espacio prácticamente. Por un tema de practicidad, se colocó la tribuna nueva sobre la otra. Las columnas de la nueva tribuna emergían desde la vieja. Además, demoler esa popular implicaba también romper con toda la estructura que había debajo de ellas…”, completó la cara visible de Astori 15 años después. Así las cosas, entre el apuro y la armonía visual, parte del antiguo estadio trascendió, tiempo y espacio. En cada uno de los ángulos del ahora Kempes quedan -todavía a la vista- retazos del pasado.
«Y, detrás de cada córner pueden verse todavía unos diez metros de la antigua tribuna y los viejos escalones del estadio Córdoba. Quedaron esos pedacitos. Nunca llegamos a saber si fue por una razón funcional, por un tema arquitectónico o por una suerte de homenaje al pasado. Alguna vez incluso propuse que, como en el estadio Nacional de Chile, un sector del estadio tenga ese lugar reservado para la nostalgia y el ayer. A veces, en las visitas guiadas, si la gente está enganchada me detengo en ese lugar para que vean lo que fuimos y lo que somos…”, cerró Farías el misterio de las cuatro tribunas fantasma…
CÓRDOBA (ENVIADO ESPECIAL)











