
Los viveros satélites son espacios de tierra dedicados exclusivamente al cultivo de especies autóctonas de Argentina, ubicados en instituciones educativas de La Matanza. El objetivo es sembrar árboles y plantas para luego trasladar a plazas, veredas y espacios verdes, con el propósito de tener un aire más puro, mayor sombra y una biodiversidad más amplia.
Desde el Municipio señalan: “La iniciativa del Gobierno local, que promueve la educación ambiental en los colegios, a través de la creación de huertas escolares, refuerza el modelo educativo que desarrolla la gestión, el círculo virtuoso de la educación, junto al proyecto maker para aprender haciendo”. Este último concepto se refiere a una modalidad de enseñanza en la que el alumno adquiere conocimientos mediante la experiencia práctica.
La ley 27.621, sancionada en 2021, propone la implementación de una educación ambiental integral en el país. Dentro de los puntos que enumera para la puesta en práctica, la norma propone tomar problemáticas ambientales existentes e interpretar tanto sus causas como sus consecuencias, para crear oportunidades de enseñanza y construir nuevas formas de hacer.
Hasta el momento, ya hay más de cien instituciones educativas secundarias de La Matanza que cuentan con el kit de herramientas e insumos necesario para desarrollar los viveros satélites. Además de cuestiones vinculadas al cuidado de la biodiversidad, los alumnos de las escuelas aprenden métodos de germinación. Por otra parte, el año pasado también se introdujeron viveros satélites en lugares de recreación para la tercera edad, como lo hicieron en el Centro de jubilados Barrios Alas.
Asimismo, los docentes de las escuelas reciben jornadas de capacitación abiertas para poder llevar conocimientos ambientales al aula. En este sentido, el temario incluye contenidos vinculados a las especies nativas argentinas, su importancia ecológica, los métodos de germinación y la preservación de la biodiversidad.
Según el municipio de La Matanza, la implementación de la propuesta en las escuelas tiene como fin que “las y los estudiantes recuperen el contacto directo con la naturaleza”. Desde esa perspectiva, el gobierno local añade que se trata de un “modelo disruptivo”, ya sea “desde lo pedagógico y didáctico, como desde la importancia de unir la juventud con lo natural y de su propio territorio”.
Con respecto al punto de vista ecológico y comunitario, la Secretaría de Ambiente del Municipio sostiene: “Se busca que lo aprendido en el aula pueda trascender los espacios escolares, que se trabaje comunitariamente en el barrio, que las chicas y chicos tomen conocimiento de qué árboles hay alrededor de sus escuelas”. A partir de aquello, se propone que “puedan detectar en qué veredas faltan árboles”, para plantar nuevas especies y contribuir a “la reducción del efecto de isla de calor”.