
«Ohhhh». La voz que se escucha en el video, que muestra el brasero presto para el asado, es la de Emiliano Martínez. El viento aviva el rojo. Las ráfagas son intensas. El cielo relampaguea. La lluvia amaga y encara. Y se larga con todo en la sede del primer partido de la Selección en el Mundial 2026.
Los teléfonos acaban de lanzar una alerta. Una chicharra audible incluso a habitaciones de distancia seguida por un letrero que interrumpe cualquier actividad en el smartphone. Todo queda guardado en el MPEG4 subido a Instagram por Dibu, quien en contraste mostró c ómo los cocineros de AFA trabajaban en un asado king size para todos en pleno Missouri.
De nuevo, la Selección debió convivir con una contingencia meteorológica a la que los argentinos que lleguen a esta ciudad amigable del Heartland de los Estados Unidos deberán habituarse: la temporada de tornados y tormentas eléctricas está todavía en curso. Culminará cuando termine mayo. Cuando la agobiante primavera llegue a su fin. Mientras tanto, los riesgos de vientos de 80 millas por hora, “destructivos” según los letreros que irrumpen en cada pantalla de smartphone, estarán latentes.
Como en su primera noche en Kansas City, cuando durante la madrugada un tornado pasó cerca del Hotel Origin y se llevó consigo parte de la decoración -ploteos, banderas- preparada especialmente para lookear el alojamiento albiceleste, Argentina vivió una situación vinculada con los fuertes vientos.
En aquella oportunidad, al haber sido mientras la mayor parte de la delegación dormía, apenas algunos desvelados dimensionaron de qué se trataban los alertas y las tormentas de alta magnitud. Esta vez nadie quedó exento. A algunos, de hecho, por poco no los agarró recorriendo el Downtown: Nico Paz, Agustín Giay y el Flaco López habían salido a pasear antes de que las sirenas ambulatorias empezaran a sonar.
Y es que este sábado, el día previo al trabajo a puertas cerradas del domingo, los futbolistas tuvieron la posibilidad de salir a pasear, de encontrarse con sus familias, para luego disfrutar del banquete en el hotel. Las parrillas improvisadas bajo techo permitieron que la cocción se terminara, que el tormentón lo interrumpiera en el cierre de un día largo.
Kansas City vivió una jornada muy calurosa que comenzó, de hecho, con un primer aguacero. Ese mismo que incluyó actividad de rayos y que demoró el inicio del entrenamiento matutino de la Selección: Oléde hecho, lo sufrió en plena interestatal, camino al Compass Minerals National Performance Center. La cortina de agua era densa, aunque resultó un pasajero chaparrón de alta intensidad. De hecho, media hora más tarde, el cielo ya estaba diáfano.
Pero cerca de las 19 el clima volvió a cambiar. Justo cuando se preparaba la carne y el fuego comenzaba a encenderse, sonó el teléfono y comenzó a soplar el viento. Fue una hora de intensa lluvia, de suspenso para los inexpertos. Pero que pasó. Argentinos, a acostumbrarse.