
Dueño de una empresa de jardinería en España, Patricio Pujol y su hermano Iván parten de una frase muy gráfica para describir uno de los problemas más frecuentes del sector: la subestimación en la cantidad de recursos imprescindibles para iniciar tu propio emprendimiento. “La gente cree que con una furgoneta y 4 herramientas puedes trabajar, pero necesitas una base sólida”, contó.
Las declaraciones las ofreció en una entrevista al canal de YouTube de Adrián Martín. En él, el empresario refutó la mirada superficial sobre el oficio. Es cierto que, en principio, puede empezarse con poco equipamiento, pero para mantenerse en el rubro y escalar se requiere de mayor inversión, dijo el empresario.
Pujol resume su posición desde el inicio: destaca la importancia de la formación y una base sólida para ejercer profesionalmente. Ese encuadre ya deja ver que su discurso no gira solo en torno al esfuerzo individual, sino a la necesidad de profesionalizar un rubro que, según denuncia, sigue marcado por bastante intrusismo.
De hecho, una de las “claves” destacadas por el empresario es que “el intrusismo laboral y la falta de certificaciones en tareas arriesgadas, como la poda en altura, son problemas frecuentes en el sector”.
Patricio Pujol: “Para empezar en esta profesión se necesitan entre 6.000 y 8.000 euros, sin contar el vehículo»
En ese contexto, su frase principal cobra mucho más sentido. Patricio insiste en que no es lo mismo “arreglar superficialmente el jardín de la casa de tus padres” que asumir trabajos profesionales con diseño, seguridad y responsabilidad.
Y para reforzar esa idea, suma un dato muy concreto: “Para empezar en esta profesión se necesitan entre 6.000 y 8.000 euros, sin contar el vehículo”. No se trata solo de saber usar herramientas, sino de contar con una estructura mínima, recursos y preparación para responder como empresa o profesional serio.
Otro aspecto interesante es cómo Patricio habla de su equipo. Allí se cuenta que prefiere contratar a personas sin experiencia para formarlas desde cero, antes que incorporar trabajadores con trayectoria que arrastren “vicios” y “malas praxis” de otras empresas.
En sus palabras: “Nos gusta tener perfiles de gente que prefiere venir a hacer bien su trabajo para irse a su casa tranquilo y después también nos gusta el perfil de gente que quiere seguir aprendiendo y evolucionando”. Esa frase refuerza la misma idea de fondo: la jardinería, para él, no se sostiene solo con oficio manual, sino también con cultura de trabajo, aprendizaje continuo y profesionalización.
Hay otro rasgo que Patricio considera esencial y que completa bastante bien su retrato. Dice que en jardinería “hay que tener mucha paciencia” y desarrolla la frase así: “A veces el cliente no entiende que un jardín es lento”.
Esa observación resulta muy reveladora porque desplaza la discusión del terreno puramente técnico al del tiempo y la expectativa. En una época obsesionada con resultados inmediatos, él defiende un trabajo cuyos efectos muchas veces no son instantáneos. El jardinero no solo planta, poda o diseña: también espera, observa y convence.
Por eso, su frase sobre la furgoneta y las cuatro herramientas se queda corta si se la lee sola. Lo que Patricio realmente está diciendo es que la jardinería no debería seguir tratándose como un oficio relegado o como una actividad que cualquiera improvisa de un día para otro.
Entre la inversión inicial, la formación, las certificaciones y el trato con el cliente, su testimonio construye una defensa bastante clara del sector. Y al ponerlo en esos términos, deja una idea fuerte: un jardín bien hecho no nace de la improvisación, sino de una base sólida, exactamente como él dice.