«Jugar en la era Messi es un privilegio, ser parte de su historia. Es otro de los mejores jugadores de la historia”. Granit Xhaka disfruta a Leo como lo hace cualquier argentino. Como cualquier ser humano al que le interesa el fútbol. El playmaker de Suizaesa selección que dio el golpe y eliminó a Colombia en la tanda de penales para meterse en los cuartos de final ante la Argentinatendrá una vez más al MVP de su generación. Y a los 33 años sabe lo que significa tener enfrente al capitán de la Scaloneta.
Xhaka es uno de los sobrevivientes -junto a Ricardo Rodríguez, de madre chilena y padre español- de aquel partido cerrado que se abrió con un gol de Ángel Di María en el alargue, en la Copa del Mundo de Brasil 2014en el estadio Arena Corinthians de Itaquera. A los 21 años, en aquel Mundial tuvo enfrente al Messi que venía de ser leyenda en el Barcelona. Que ante Suiza, dos años antes, había marcado su primer hat-trick con la Mayor: 3-1 en el Stade de Berna, con Granit en campo.
Esta vez, Xhaka es el Messi de Suiza. Y le tocará ver como adversario a esa leyenda que a los 39 años disfruta de todo aquello que se le volvía esquivo hace una década. Y con mucha más experiencia, buscará hacerle las cosas difíciles a la Selección con la misma contracción táctica y lectura que Ottmar Hizfield había propuesto para cerrarle los caminos a la Argentina.
Las estadísticas reflejan su influencia
Xhaka es el encargado de marcar el pulso de Suiza: no sólo juega mucho, sino que hace jugar a los demás. En cinco partidos disputados acumuló 399 pases intentados y 361 completados, con un 90,5% de eficacia, un dato que explica en gran medida por qué el equipo puede alternar dominio, repliegue y transiciones sin desordenarse. Es, como Leo, el organizador.
“Argentina es otro gran seleccionado. A Messi no sé si se lo puede controlar 90 ó 120 minutos, advirtió el experimentado futbolista que juega en el Sunderland de Inglaterra.
El contraste es fuerte: mientras Suiza fue mutando de un equipo dominante ante Qatar y Bosnia a uno más pragmático frente a Argelia y Colombia, Xhaka sostuvo su peso en todos los registros. Intentó 140 rupturas de línea y completó 116, una cifra que lo muestra como el principal canal para superar bloques. No se limita al pase seguro: también asume el riesgo de verticalizar.
Su mejor versión con pelota apareció ante Bosnia, cuando Suiza ganó 4-1 y él manejó el partido desde el eje. Allí firmó 106 pases intentados, 94 completados, 39 rupturas de línea buscadas, 31 exitosas, dos remates y un gol de penal. Fue el Xhaka ordenador, pero también el que pisa zonas de influencia ofensiva cuando el contexto lo permite.
En el encuentro frente a Colombia, en cambio, el partido le pidió otro cuerpo. En una serie muy cerrada que terminó 0-0 y con posterior clasificación por penales, Xhaka recorrió 13,9 kilómetros, su registro físico más alto por la prórroga, pero sin perder claridad: 90 pases, 83 completados, 30 rupturas intentadas y 25 exitosas.
También aparece una dimensión menos vistosa. Xhaka sumó 294 ofrecimientos para recibir y 145 recepciones: siempre estuvo disponible. En presión, no fue un cazador frontal, pero sí un regulador del bloque: 14 presiones directas, 71 indirectas, 126 pushing on y 38 pushing on into pressing. Empuja al equipo hacia adelante. Y ahora también quiere llevarlo a una semifinal histórica. Con Messi enfrente.






