La británica Annie Hogan – también sus discos aparecen con otros heterónimos como Años, lluvia de cactus oh la magia– es una figura importante (aunque no demasiado puesta en valor como merecería) del subterráneo europeo. A inicios de los ochenta formó parte -junto a Marc Almendra oh Matt Johnson entre otros- de Marc y las mambastambién ha colaborado con infinidad de grupos y solistas de renombre como Barry Adamson, Dos Chicas, Nick cueva, Almuerzo Lidiaoh Poderes del niño Congo por poner sólo algunos ejemplos.
Su carrera en solitario sigue siendo un manual de resistencia: apegada a una estética que le gusta maridar lo gótico con la electrónica y los experimentos sonoros ensoñadores, lleva desde los 80 manipulando sonidos desde los márgenes con una integridad y una coherencia a prueba de bomba.
annie empezaría su relación artística con Karl O’Connor (dueño del sello Hacia abajo) como dúo bajo el nombre de Hogan y Regisy editaron dos excelentes trabajos de electrónica mutante titulados Revertir hacia el mañana (2020) y Hospital para bestias (2023), y ya asentada en la disquera de O’Connor ahora sale este Lenguas en mi cabeza (Hacia abajo2026) que lo componen seis canciones repletas de ese halo entre ensoñador y de misa pagana que nos tiene acostumbrado Hogan en su faceta pop. Grabado con la ayuda de teclados analógicos, así como de un piano de cola que, según la información de su propia web, es de los años 30 del siglo pasado, clavicordios y armonios.
Unos sonidos que atrapan a la primera escucha. La inicial “Alles ist Verloren” está esculpida sobre el golpeteo de una caja de ritmos y arreglos de cuerda que no desentonarían como banda sonora alternativa a algún negro clásico. Soul en cámara lenta. “Scorpions” tiene esa pátina onírica que se esconde atrapada en un mantra de sonidos vintage que se arremolinan entre pianos fúnebres y la voz íntima de la artista. El sonido del armonio crea visiones catedralicias en “Death Rituals” que recuerda a nicopero también a músicas incidentales de filmes de terror gótico.
La gravedad de las notas de piano envuelve la preciosa “Safe Hands”, cuyos ecos nos retrotraen al Nick cueva de El sueño de Enriquey de nuevo, la caja de ritmos y unas voces corales se confabulan para elevar un temperado arrebato. “Deadly Night Shades” es otra pieza de folk de cámara con unos bellos arreglos casi circenses, y se termina este disco cautivador con “The Conjurer”, una balada tejida a base de teclados analógicos que crean una suerte de zumbido abisal con Robert Wyatt de fondo.
Escucha Annie Hogan – Tongues In My Head