Nunca hubo tantas voces al alcance de un clic. Cualquier texto puede transformarse en sonido, en decenas de idiomas y timbres, como quien recorre un menú desplegable. Pero el acento de Corrientes, la cadencia del conurbano, o la vibración metálica de un laringófono, no se dejan estandarizar. Cada voz guarda la geografía de un barrio, la memoria de una infancia, los silencios de quienes nunca pudieron hablar. Escucharlas es leer un mapa del tiempo y de la carne, seguir el temblor de una garganta, la pausa de un aire que se resiste a salir. La reproducción parece infinita. La singularidad, no tanto.
En una entrevista con Gala Lucía González Barrios, directora de Archivoz, ese contraste aparece como punto de partida. Archivoz es un archivo sonoro de voces argentinas que busca alojar lo que suele quedar fuera: acentos regionales, modulaciones no estándar, voces atravesadas por enfermedad o por tecnología.
Es un proyecto que no se cocina en soledad. Se desarrolla en la Universidad Nacional de Tres de Febrero, dentro de Intercambios Transorgánicos, un espacio donde conviven artes electrónicas, ingeniería, lingüística, historia y ciencias sociales. Desde el inicio, Archivoz se dejó contaminar: lingüistas, fonoaudiólogos, archivistas del IIAC, especialistas en inteligencia artificial de la Universidad de Buenos Aires, artistas, la comunidad hacker.
Para su directora, la pluralidad no fue un adorno interdisciplinario, sino una condición de posibilidad: “La voz y el habla humana son tan complejas que es muy difícil hacer un archivo de voces y un mapa de acentos argentinos con una perspectiva soberana sin atender a sus dimensiones acústicas, sociales, culturales y éticas”.
En ese relevamiento entran la salud y otros procesos vitales en los que la voz cambia de forma radical, como las transiciones de género, un terreno que la tecnología suele resolver por estandarización o silencio.
Ahí aparece lo transorgánico: una fusión (a veces simbiosis, a veces fricción) entre lo orgánico y lo tecnológico. Un ensayo permanente sobre qué entendemos hoy por humanidad. En ese cruce, el proyecto, hoy radicado en el MUNTREF Centro de Arte y Ciencia, no solo indaga en lo filosófico, sino que en 2025 recibió el Premio INARIA (categoría Investigación y Desarrollo Tecnológico).
¿Cómo se experimenta Archivoz? ¿Dónde está el cuerpo del visitante? La experiencia no es contemplativa sino operativa: el visitante no se enfrenta a una obra. Además de una idea Archivoz es una plataforma web funcional que opera como un banco de voces modeladas con IA, donde cualquier usuario puede ingresar texto y escuchar cómo suena en diferentes voces argentinas archivadas. La inteligencia artificial se cuela en todo el proceso: detecta, limpia, entrena, vuelve a armar la voz. De ahí surgen modelos de síntesis de última generación capaces de fabricar una voz nueva. El resultado no es una copia ni un reemplazo. Es otra cosa: una continuidad artificial que todavía reconoce de dónde viene.
Proyecto Fonocosa.Todo empezó en una verdulería cercana a la universidad, mientras hacían la compra. Quien atendía hablaba a través de un laringófono. Un dispositivo que no capta la voz: la reemplaza. Se apoya en el cuello y convierte vibraciones del cuerpo en una emisión metálica, dependiente del aparato. “No sabíamos nada de las personas con laringectomías ni de estos dispositivos”, recuerda Gala. Ese encuentro encendió la chispa y de vuelta en la universidad empezaron a investigar: el objeto, la población, el vacío.
Una obra de arte
Archivoz no empezó como archivo. Antes fue “Fonocosa”: una obra de arte contemporáneo que modelaba laringes en 3D y trabajaba con voces esofágicas, esas difíciles, rechazadas por su sonido. La pieza funcionaba, pero no alcanzaba. No faltaba forma: faltaban voces. Cuando el problema dejó de ser la prótesis y pasó a ser el conjunto, la obra necesitó otra escala: infraestructura, método y, finalmente, un archivo.
Proyecto Fonocosa.“Durante la pandemia, mientras explorábamos modelos texto-a-voz, nos dimos cuenta de que todos los sistemas disponibles usaban español neutro o de España. Ese momento fue revelador: si alguien de Corrientes, de Salta, del conurbano bonaerense perdía su voz, la tecnología le ofrecía recuperar una voz, pero nunca su voz”. explica Gala.
Construir una base de datos de voces argentinas es trabajar en fricción permanente. “Se necesita escala, pero también calidad”. Las voces no vienen con micrófonos profesionales: están en casas, barrios y comunidades. Eso obliga a diseñar sistemas accesibles, capaces de funcionar en la intemperie de lo cotidiano, cuidando al mismo tiempo la privacidad y el destino de esas voces.
El proyecto se mueve en esa zona de tensión. “Es a la vez herramienta, obra y política cultural”, dice Gala. Genera recursos técnicos, mantiene una dimensión estética y participa en la discusión sobre soberanía tecnológica y sobre qué se considera un dato valioso.
Pero lo risible circula rápido. Lo frágil, no tanto: existen otros casos, personas con enfermedades que afectan el habla, cuya voz queda suspendida en una zona delicada, allí donde la inteligencia artificial no parodia ni suplanta, sino que intenta sostener una presencia. En el caso de figuras públicas, esa reconstrucción podría apoyarse en registros previos: entrevistas, discursos, apariciones públicas.
Eterófono, proyecto dirigido por Gala Lucía González Barrios (UNTREF).Minimum Theremin, una versión simplificada de un instrumento musical que se ejecuta sin tener contacto físico con el mismo.
En ese contexto, la universidad pública aparece como condición de posibilidad. “Cambia todo”, dice Gala. “Es infraestructura pública. Si Archivoz crece, va a ser recurso común”. Lo importante será tomarse el tiempo de trabajar con comunidades, probar herramientas, diseñar con cuidado. Porque la tecnología, admite, siempre produce otra cosa:
“No imita neutralmente: reproduce las jerarquías de sus diseñadores”. Cuando la inteligencia artificial ya aprendió a imitar casi todo, lo que queda de una voz humana no es una esencia pura. Queda el cuerpo. La presencia. La posibilidad de disputa. Entre sintetizadores y réplicas infinitas, la voz sigue siendo un puente entre lo humano y lo absoluto. Como en «La escritura de Dios», el cuento de Borges donde el lenguaje aspira a la plenitud del universo, pero se queda corto. La voz no es solo sonido ni datos. Es un poco como nosotros: rara, frágil, irrepetible.
Archivoz se puede visitar en: https://intercambiostransorganicos.xyz/fonocosa