
Por Alejandra Marino (FCA-UNMdP y Pastech) y Nahuel Reussi Calvo (FCA-UNMdP, CONICET y Raíz Científica)
En la ganadería argentina, el motor principal es el pasto, el alimento de calidad más barato para los animales. Pero, actualmente se produce apenas la mitad del forraje que el campo podría ofrecer debido a la subnutrición de los recursos forrajeros y a la ineficiente utilización del pasto. Hoy la producción animal está obligada a proveer alimento de calidad sin perjudicar el medio ambiente. En este contexto, la tecnología de fertilización se presenta como una de las herramientas más directas para aumentar la productividad, rentabilidad y sustentabilidad en las empresas ganaderas.
El cálculo es simple: producir una tonelada de pasto de calidad requiere que el suelo aporte entre 20 y 30 kg de nitrógeno y de 2 a 3 kg de fósforo, entre los principales nutrientes. Entonces, como el aporte natural del suelo suele ser insuficiente, la planta no expresa su potencial, reduce su capacidad de crecimiento y el sistema pierde eficiencia. La información disponible muestra que una pastura bien manejada y fertilizada puede duplicar o triplicar la producción obtenida en condiciones naturales.
Para obtener el máximo impacto, la clave es conocer la oferta de nutrientes y, cuando esta no alcanza a cubrir la demanda de las pasturas, definir con precisión el momento oportuno de aplicación. El nitrógeno debe ser aplicado cuando se necesita mayor producción de pasto en el corto plazo.
Por ejemplo, a la salida del invierno adelanta y potencia el crecimiento primaveral, logrando respuestas de hasta 30 kg de pasto extra por cada kilo de fertilizante aplicado, que se pueden transformar en 2 a 3 kg de carne o 20 a 30 litros de leche.
En el caso del fósforo, por su efecto residual, la aplicación a la siembra o en refertilización anual asegura una provisión más prolongada y la persistencia de las especies forrajeras, lo cual es un aspecto clave. La información para pasturas templadas indica respuestas de 15 a 30 kg de carne o de 150 a 300 litros de leche por kg de fósforo aplicado.
Un punto fundamental que remarcan los técnicos es que «fertilizar no sirve de nada si no se traduce en carne o en leche». El aumento de pasto debe ir acompañado obligatoriamente por un ajuste en la carga animal o la confección de reservas forrajeras. En este punto, la eficiencia de cosecha define el negocio: para asegurar el beneficio económico de fertilizar es imprescindible un manejo controlado de la utilización del pasto.
Incluso en escenarios de costos de insumos variables, la relación carne/fertilizante sigue siendo favorable cuando se logra una alta eficiencia de conversión (15 kg de pasto por kg de carne). La consigna para el productor es diagnosticar, medir y tomar decisiones basadas en datos. Ofrecer a las plantas los nutrientes necesarios para que las empresas ganaderas funcionen al 100% de su capacidad.
Tomar decisiones acertadas para mejorar la producción de pasto repercuten directamente en el negocio y la sustentabilidad ganadera. Para ello, las empresas ganaderas requieren contar con información precisa (tanto diagnóstico de la disponibilidad de nutrientes en el suelo, como conocimiento de la oferta y demanda de pasto). En un año clave para el sector, la fertilización estratégica y la cosecha eficiente del pasto producido resultan dos factores fundamentales para obtener los mejores resultados y aprovechar la situación que ofrece el mercado.