
La aerolínea irlandesa Ryanair tomó una tajante decisión que perjudica a los pasajeros que pasan por la puerta de embarque con equipajes de mano más grandes de lo debido.
Desde hace un tiempo, Ryanair ofrece un plus económico a los empleados que descubran a un pasajero con un equipaje de mano que no quepa en el compartimento del avión. El director de la aerolínea, Michael O’Leary, confirmó que la estrategia está funcionando.
Ahora, Ryanair le paga al personal 2,50 euros por cada maleta interceptada (1,50 más que antes). Para motivarlos a hacerlo eliminó el límite de 80 euros mensuales en bonificaciones.
La multa para el usuario que no logre guardar su maleta en el avión será de 75 libras esterlinas por el despacho de la misma en la bodega.
“Llevamos unos cinco años tomando medidas enérgicas contra las personas con equipaje de gran tamaño. Ahora el número de casos es muy reducido. Antes, alrededor del 0,5 % de los pasajeros se presentaban con una maleta de tamaño excesivo. Ahora, la cifra ha bajado a menos del 0,1 %”, dijo O’Leary. Así, la medida castigaría a menos de 200.000 pasajeros al año.
Y añadió, convencido de que “cuanta más publicidad al sistema, más bajarán las infracciones”: “La gente lo sabe. Siempre es lo mismo: ‘Ah, solo sobresalen las ruedas’. Si no cabe en la medida, o si sobresale el asa, las ruedas o cualquier otra cosa, es demasiado grande y te cobran de más”.
Los tamaños de la bolsa permitidas para llevar en el avión son de 40 cm x 30 cm x 20 cm.
En un contexto donde ya existen las maletas “aprobadas por Ryanair”, las familias se quejan -según un artículo del UK Times– de que les cobraron multas “simplemente porque las ruedas o el bolsillo estaban ligeramente fuera del rango de medidas”.
Ryanair nació en 1984 en Irlanda, impulsada por Tony Ryan, Christopher Ryan y Liam Lonergan, con la idea de competir contra las tarifas altas que dominaban las rutas entre Irlanda y el Reino Unido.
Empezó a operar en 1985 con un servicio muy pequeño entre Waterford y Londres-Gatwick, pero con el tiempo fue creciendo hasta convertirse en una de las aerolíneas más influyentes de Europa.
El gran giro llegó en los años 90, cuando O’Leary, que había entrado en la empresa en 1988, asumió como CEO en 1994.
Bajo su conducción, Ryanair adoptó de manera agresiva el modelo de bajo costo: eliminación de servicios extra, fuerte presión sobre los precios, uso intensivo de aeropuertos secundarios y una política de eficiencia extrema. Esa estrategia le permitió expandirse con rapidez, sobre todo después de la liberalización del mercado aéreo europeo en 1997, y pasar de ser una firma regional a una compañía paneuropea.