Dejar que elija la ropa, decidir a qué jugar o participar en algunas tareas de la casa. Para muchos padres, habilitar pequeñas decisiones en la vida cotidiana puede parecer un detalle menor, pero forma parte de un proceso clave del desarrollo: la autonomía infantil.
Lejos de significar “dejar hacer todo”, este concepto implica que los chicos ganen independencia de manera progresiva, siempre dentro de un marco de cuidado y con la guía de los adultos.
“La autonomía infantil es la capacidad progresiva de un niño o una niña para poder tomar decisiones, resolver problemas pequeños e ir asumiendo responsabilidades acordes a la edad”, explica Ángela Nakab, médica especialista en Pediatría y Adolescencia y secretaria de Medios y Relaciones Comunitarias de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), a Clarín.
Un proceso que empieza temprano
Según la especialista, la autonomía no aparece de un día para el otro. Es un proceso gradual que empieza desde los primeros años de vida. “Si pensamos desde la psicología del desarrollo, sabemos que la autonomía no aparece de golpe, sino que se construye gradualmente”, señala.
De hecho, entre los 2 y los 3 años los chicos suelen empezar a mostrar sus primeras señales de independencia. Quieren elegir la ropa, intentar comer solos o decidir a qué jugar.
Las investigaciones en neurociencias ayudan a entender por qué este proceso necesita tiempo. “El cerebro infantil, especialmente el área prefrontal que está vinculada con la toma de decisiones, la planificación y el autocontrol, madura de manera progresiva durante toda la infancia y la adolescencia hasta los 25 años aproximadamente”, explica.
Por eso, aclara: “La autonomía siempre tiene que estar dentro de un marco de cuidado, de respeto y con la guía de las personas adultas”.
La autonomía es un proceso gradual que empieza desde los primeros años de vida Foto: ilustración Shutterstock.Qué decisiones sí pueden tomar según su edad
Nakab señala que una de las claves para fomentar la autonomía es ofrecer opciones acordes a la etapa de desarrollo.
En la primera infancia -entre los 2 y los 5 años-, las decisiones suelen ser simples: elegir entre dos prendas, decidir qué cuento leer o qué juego hacer.
Más adelante, entre los 6 y los 11 años, pueden empezar a organizar algunas responsabilidades propias. “Se puede ir tomando la decisión de organizar el orden de las tareas, elegir qué deporte te gustaría hacer o participar en algunas decisiones familiares simples”, explica.
Durante la adolescencia, el margen de decisión crece. Los chicos empiezan a involucrarse más en cuestiones relacionadas con sus intereses, amistades, actividades o el manejo del tiempo libre.
Este proceso tiene efectos positivos en el desarrollo. “En todas las etapas, este tipo de participación va a desarrollar la autoeficacia, la responsabilidad y la motivación interna”.
Autonomía infantil: qué decisiones son de los adultos
¿Qué decisiones no pueden quedar a cargo de los chicos? Nakab menciona cuestiones vinculadas a la seguridad física, los horarios de salida, el uso de pantallas y redes sociales sin regulación, las rutinas básicas de sueño y hábitos de salud, la alimentación completamente libre en edades tempranas y las decisiones médicas o educativas relevantes.
“Los chicos necesitan libertad dentro de límites claros. Tienen que saber bien cuáles son los límites”, explica. Y agrega: “La autonomía saludable no significa ausencia de reglas, sino ir participando cada vez más en las decisiones a medida que ellos vayan creciendo”.
Cómo saber si un chico está preparado para decidir
No todos los chicos están listos para lo mismo al mismo tiempo. Por eso, más que la edad exacta, la médica recomienda observar ciertas señales y las capacidades del desarrollo.
Un niño puede estar preparado para tomar una decisión cuando comprende las opciones disponibles, puede anticipar consecuencias simples o muestra interés en participar.
Nakab señala que una de las claves para fomentar la autonomía es ofrecer opciones acordes a la etapa de desarrollo. Foto: ilustración Shutterstock.También es clave la autorregulación emocional. “Recordemos que la autorregulación al principio es corregulación con la persona adulta que le brinda calma y después con el tiempo va aprendiendo a autorregularse”.
“Por ejemplo, le podemos decir: ´te tenés que bañar, pero ¿qué preferís? ¿Bañarte antes de jugar o después?´ Porque la opción de que no se pueda bañar tal vez no debería estar”.
Los errores más comunes de los padres
En la práctica, muchas familias se mueven entre dos extremos: dar demasiada libertad, o no dar ninguna.
“Hay algunas familias que tienden a dar demasiada libertad tempranamente. Cuando los chicos reciben decisiones para las que todavía no están preparados, puede pasar que se sientan inseguros o sobrecargados”, explica Nakab.
En el otro extremo aparece la sobreprotección. “Cuando no se permite ninguna autonomía, a veces se limitan oportunidades de aprendizaje”, señala.
La evidencia muestra que la sobreprotección puede tener consecuencias a largo plazo. “Lo que vemos en estudios de desarrollo es que la sobreprotección se asocia con menor tolerancia a la frustración y menor autonomía en la adolescencia”.
Por eso, el error no está en que los chicos se equivoquen, sino en impedir que lo hagan. “Es importante que se puedan equivocar, que puedan frustrarse y que se desilusionen. Los errores son aprendizaje”.
Supervisión y acompañamiento
Hay situaciones en las que los chicos todavía necesitan más guía para tomar decisiones. Por ejemplo, cuando les cuesta anticipar consecuencias, tienen impulsividad muy alta, se frustran intensamente o sienten ansiedad ante la necesidad de elegir.
En esos casos, la especialista recomienda ajustar el acompañamiento. “En estas situaciones conviene simplificar las decisiones, ofrecer más estructura y acompañar más de cerca”.
En definitiva, fomentar la autonomía significa acompañar de manera progresiva. “No es soltar, sino ir corriendo lentamente el lugar de acompañamiento a medida que los chicos crecen”.
Y concluye: “La autonomía es un proceso. No se enseña hablando, se enseña mostrando y modelando con el ejemplo”.