
La entrada en vigor provisional del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea este viernes se recibió en Bruselas con un mensaje mañanero de la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, ferviente defensora del pacto: “Hoy, el acuerdo Mercosur-UE empieza a aplicarse provisionalmente. Los beneficios son reales y visibles desde ahora. Los aranceles empiezan a bajar. Las empresas están ganando acceso a nuevos mercados. Los inversores tienen la predictibilidad que necesitan. La aplicación provisional mostrará los beneficios tangibles del acuerdo y cómo las sensibilidades legítimas han sido respondidas”. Días de vino y rosas, de leer a Von der Leyen.
Pero el acuerdo, que ha costado 26 años de negociaciones, deja heridas políticas en Europa, sectores temerosos de los efectos de la competencia de los exportadores del campo del Mercosur y un Parlamento Europeo frustrado porque su intento de frenar el acuerdo no tuvo efecto ninguno y ahora puede tardar hasta año y medio para poder votar el texto.
En Europa hay ganadores y perdedores, aunque los dirigentes políticos dicen que los ganadores son la mayoría de sectores económicos. Y que los perdedores, los menos, recibirán compensaciones. Pero son los supuestos perdedores los que más ruido hicieron en los últimos meses y los que siguen haciendo ruido para conseguir más ayudas financieras y porque en algunos países el acuerdo puede dar y quitar votos.
Los grandes perdedores son los productores europeos de productos que Mercosur exporta masivamente y con los que compite tanto por cantidad como por calidad. En primer lugar, el sector del vacuno europeo, concentrado en unos pocos países, como Francia, Irlanda, Polonia o Austria. La entrada de 99.000 toneladas de vacuno de Mercosur al año es una pequeña parte del consumo europeo, pero es una carne que competirá en calidad con la mejor europea y que lo hará a precios competitivos.
También trinan contra el acuerdo productores europeos de productos del campo como los cítricos, los productores de ave, azúcar, etanol o maíz. Estos sectores protestan además porque consideran que competirán con una mano atada a la espalda porque deben cumplir normativas ambientales y sanitarias más exigentes que sus pares de Mercosur. Lo consideran “competencia desleal” y seguirán luchando para que un día el Parlamento Europeo suspenda el acuerdo.
El Parlamento Europeo pierde porque votó enviar el texto al Tribunal de Justicia de la Unión Europea creyendo que eso suspendería su ratificación y entrada en vigor para darse cuenta, pocos días después, de que la Comisión Europea podía seguir adelante con la aplicación provisional, el paso dado este viernes. Los eurodiputados tendrán la última palabra cuando los jueces revisen el texto. Pero casi nadie en Bruselas cree que pasados probablemente cerca de dos años de su aplicación provisional se les ocurrirá suspender el trato.
Francia es el país donde más se han vivido protestas y el único de los grandes de la Unión Europea que votó en contra cuando la Comisión Europea lo presentó a voto a los gobiernos. Alemania, Italia, tras amargar con rechazarlo, y España votaron a favor.
Las alegrías están en los sectores industriales y de servicios, que ven una oportunidad de oro para expandir sus negocios; la industria automotriz, la maquinaria pesada, el sector químico y los exportadores de productos de valor añadido como vinos, quesos y chocolates celebran la eliminación de aranceles que superaban el 35%.