
Se cumplió un año del pontificado de papa León XIV y sin querer hacer un balance del comienzo del magisterio del pontífice americano, es útil resumir los rasgos de un pastor que se mueve con serenidad, audacia y fortaleza en un tiempo de profunda crisis mundial.
Robert Prevost es un pastor que con equilibrio y firmeza desde sus primeros pasos ha querido mostrar al mundo su objetivo principal: la construcción de un paz desarmada y desarmante. En la senda del Papa Francisco sus reiteradas intervenciones y discursos se han concentrado en la búsqueda de una unidad, sea en la Iglesia católica que con las otras confesiones cristianas, que supere las fricciones, las divisiones provocadas por las guerras y los conflictos. En sociedades fragmentadas y polarizadas sus discursos y homilías se ponen como alternativas viables que detener una eventual guerra nuclear que puede destruir la ya frágil convivencia pacifica entre los pueblos.
Frente a las injustas criticas del presidente Trump acusandolo de debilidad por la postura asumida por el pontífice hacia la amenaza nuclear de Irán, León ha dicho con serenidad y firmeza: “La misión de la Iglesia es predicar el Evangelio, predicar la paz. ..-La iglesia desde años ha hablado contra todas las armas nucleares, entonces allí no hay duda alguna y espero sencillamente ser escuchado por el valor de las palabras de Dios”.
También su viaje apostólico a África, desde Argelia hasta Guinea Ecuatorial, pasando por Camerún y Angola, ha llevado un fuerte mensaje de paz. En Argelia quiso dar un tributo a la antigua patria de San Agustín, (Ippona) de donde proviene su familia religiosa, recordando la audaz presencia de una Iglesia, que con un significativo tributo de sangre de mártires, supo mantener un constante dialogo con el Islam.
En el anglófono Camerún del Oeste desgarrado por un conflicto antiguo entre separatistas y fuerzas gubernamentales ha proclamado un conmovedor llamamiento juntos a los líderes de las otras religiones en Bamenda, condenando los “señores de la guerra”: “ Bienaventurados los pacificadores. Ay de aquellos que doblan las religiones y el propio nombre de Dios a sus objetivos militares, económicos o políticos, arrastrando lo sagrado a lo mas sucio y oscuro”.
Y la suya quiere continuar a ser la Iglesia “pobre para los pobres”; así lo ha manifestado en la significativa visita a la cárcel de Bata en Guinea Ecuatorial, donde bajo una lluvia insistente los detenidos bailaban y cantaban para agradecer el pontífice por su inesperada visita. Y el papa, como ya había hecho con un grupo de ancianos en Angola , ha reiterado que por la Iglesia nadie puede ser excluido del amor de Dios.
Con alegre estupor Papa Prevost ha exclamado:” La vida no solo se define por los errores cometidos, que generalmente son el resultado de circustancias difíciles y complejas; porque siempre es posible volver a levantarse, aprender y convertirse en una persona nueva.”
Es un pontífice que quiere comunicar esperanza, frente a una corrupción que golpea muchos países africanos ha indicado la superación del dominio del poder del dinero en el modelo del joven martir congoleño, hoy beato Floribert Bwana Chui, de la Comunidad de Sant’Egidio que ofreció su vida para no ceder a las coimas. Los mártires, nos recuerda Papa Leon, nos ayudan a construir una sociedad mas humana y solidaria, orientada en construir un nosotros que sea un dique frente a un egocentrismo ciego e indiferente.