
El reemplazo del histórico Air Force One terminó mucho más lejos de lo previsto. El tamaño de los nuevos aviones presidenciales de Estados Unidos obligó al Pentágono a construir un gigantesco complejo aeronáutico valuado en más de 320 millones de dólares en la Base Conjunta Andrews, en Maryland.
La nueva infraestructura surgió porque los futuros VC-25B, derivados del Boeing 747-8 Intercontinental, superan ampliamente las dimensiones de la actual flota presidencial VC-25A, utilizada desde la presidencia de George H. W. Bush.
Según informó Luxury Launches, los nuevos aviones son más de 5,5 metros más largos y casi 9 metros más anchos que los modelos actuales. Esa diferencia provocó un problema inmediato: ningún hangar existente en Andrews podía alojarlos correctamente.
Documentos del Departamento de Defensa señalaron que el tamaño y el peso del 747-8 excedían la capacidad del hangar utilizado por la actual flota presidencial. Ante ese escenario, las Fuerzas Armadas avanzaron con un proyecto completamente nuevo.
Así nació el llamado Complejo Presidencial de Recapitalización de Aeronaves, una instalación diseñada exclusivamente para los futuros VC-25B. El proyecto comenzó con estimaciones cercanas a 250 millones de dólares, aunque los costos aumentaron de forma constante, según informó Luxury Launches.
Cuando el contrato principal se adjudicó en 2018, la cifra alcanzó 298,2 millones de dólares. Más tarde, con opciones adicionales y trabajos complementarios, el costo final llegó a unos 322 millones de dólares.
El complejo ocupa cerca de 380.000 pies cuadrados e incluye mucho más que un hangar convencional. La instalación cuenta con dos bahías para aeronaves, plataformas de estacionamiento, calles de rodaje, áreas administrativas, depósitos seguros, sistemas especiales de iluminación y espacios de mantenimiento.
La infraestructura también incorpora sistemas de reabastecimiento de combustible de tipo III, generadores de emergencia, sistemas de comunicación y plataformas de prueba de motores. Según informó Luxury Launches, el objetivo es garantizar operaciones permanentes para aeronaves consideradas críticas para la seguridad nacional.
El Air Force One funciona como un centro de mando aéreo capaz de mantener comunicaciones seguras y continuidad gubernamental durante situaciones de crisis. Por eso, las exigencias técnicas superan ampliamente las de un avión comercial adaptado para uso presidencial.
La construcción además modificó parte de la Base Andrews. El proyecto obligó a trasladar instalaciones militares, áreas de entrenamiento para explosivos, sectores destinados a perros militares y parte del campo de golf de la base. Según el informe, el predio pasó de 54 a 45 hoyos.
La historia tomó un nuevo giro con el Boeing 747-8 donado por Qatar, valuado en alrededor de 400 millones de dólares. Según el reporte, la aeronave podría funcionar como avión presidencial provisional mientras el demorado programa VC-25B continúa su desarrollo al menos hasta 2028.
Aunque no existe confirmación oficial sobre dónde quedará estacionado ese avión, el informe sostiene que la lógica apunta al nuevo complejo construido especialmente para aeronaves del tamaño del 747-8.