
La crisis del real madrid ya no se puede esconder ni con una victoria. El 2-0 ante Real Oviedo apenas sirvió para maquillar una semana explosiva en la Casa Blanca, marcada por la derrota frente al Barcelona, el título blaugrana festejado en la cara del Merengue y un Bernabéu que esta vez no perdonó a nadie: silbidos generalizados, clima tenso y una interna que quedó totalmente expuesta tras las declaraciones de Kylian Mbappé.
El delantero francés, que arrancó en el banco pese a estar recuperado físicamente, sorprendió en zona mixta al revelar una charla privada con Álvaro Arbeloa. “Me dijo que era el cuarto delantero del plantel, por detrás de Vinícius, Mastantuono, Brahim y Gonzalo”lanzó Kiki, encendiendo todavía más un incendio que ya venía consumiendo al Madrid.
La respuesta del entrenador no tardó en llegar. En conferencia de prensa, Arbeloa negó de manera tajante haber pronunciado esa frase y dejó en claro que la decisión fue exclusivamente futbolística. “Está claro que si no le pongo no puede jugar. Soy entrenador y decido quién juega y quién no”, disparó con evidente fastidio.
El DT explicó que habló con Mbappé antes del encuentro y aseguró que el francés “interpretó otra cosa”. Según Arbeloa, después de varios días sin entrenar y sin jugar en el clásico ante Barcelona, no estaba para ser titular en un contexto que tampoco consideraba límite. “No era un partido a vida o muerte”, sostuvo, intentando bajarle temperatura a una situación que ya explotó puertas adentro.
Pero lejos de apagar el conflicto, las palabras del técnico dejaron entrever el nivel de tensión que atraviesa el vestuario madridista. “No tengo ningún problema con nadie. Entiendo que no esté contento por no jugar, pero es una decisión basada en las circunstancias”, agregó. Y remató con una frase cargada de ironía: “Ya me gustaría tener cuatro delanteros. Ni tengo cuatro delanteros ni he dicho semejante frase”.
Mientras tanto, el Bernabéu habló. Los hinchas descargaron toda su bronca después de una temporada desastrosa, la segunda consecutiva sin títulos, con un equipo golpeado futbolística y anímicamente.