Un extraordinario conglomerado que maneja hasta el 70% de la economía de Cuba, GAESA, es el poder real en la isla, por encima del Partido Comunista. Y está en manos de los militares.
Creado por Raúl Castro, el hermano menor de Fidel, nació de la desesperación tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, pero sus raíces se remontan a la década de 1980. Tras la caída de la URSS, Cuba perdió a su principal socio comercial. Las FFAA estaban en ruinas y tenían dificultades para pagar a sus tropas. Fidel permitió que los militares se hicieran cargo de sectores de la economía, como el turismo, en un intento por salvar al país.
GAESA (siglas de Grupo de Administración Empresarial S.A) hoy controla desde comercios de alimentos hasta hotelería, turismo, bancos, financieras, agencias de cambio, servicios de telefonía, internet y estaciones de servicio.
Las finanzas de la corporación son secretas y no aparecen en el presupuesto del gobierno, por lo que no está claro si el Estado recibe alguna de sus ganancias. Se ha señalado que cuenta con depósitos de hasta 16 mil millones de dólares.
A principios de este mes, Donald Trump firmó un decreto para ampliar las sanciones contra Cuba e incluir a GAESA. La orden presidencial indica que los ingresos del conglomerado “probablemente triplican el presupuesto del Estado”. El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, criticó el decreto ley de calificándolo de “coercitivo”.
Un mototaxi transita por una calle durante un apagón en La Habana. Foto: EFE El poder de los Castro
Esta semana se anunció que EE.UU. acusará a Raúl Castro por derribo de aviones de una organización de asilados cubanos en 1996 que dejó cuatro muertos, un diagonal para poder arrestarlo.
GAESA funcionó bien en sus inicios. El ejército que manejó el menor de los Castro con criterios modernos, demostró ser un gestor económico más eficiente que otras ramas del Estado. La economía se recuperó a finales de la década de 1990, y el ejército reinvirtió sus ganancias para apoyar hospitales, educación y el programa de raciones de alimentos del gobierno.
El control de GAESA se consolidó cuando Castro asumió la presidencia en relevo de Fidel en 2008. Ahora la corporación supervisa numerosos sectores de la economía, e incluso posee empresas en Angola, que generan cientos de millones de dólares en ganancias anuales.
Los críticos afirman que este conglomerado es ahora otra herramienta de la familia Castro para consolidar su poder. Uno de los más importantes funcionarios que ha estado estrechamente vinculados al grupo es Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y hoy viceprimer ministro.
Es citado como figura clave si hay un cambio radical en la isla. También su pariente, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto de Raúl, conocido como “el cangrejo” (es porque tiene seis dedos en cada mano, polidactilia) y que trascendió que ha tenido contactos con el gobierno de EE.UU. para la transición.
El enlace de esas conversaciones es Pérez- Oliva Fraga, que además es ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, un pilar fundamental de la economía. La presencia de dos Castro en la mesa de negociaciones genera serias dudas sobre si el régimen está dispuesto a renunciar a su monopolio económico. También la sospecha sobre si Trump ve en estos dos Castro la posibilidad de emular lo sucedido en Venezuela, con la actual presidente, Delcy Rodríguez, ex vice del arrestado Nicolás Maduro.
Un retrato de Fidel y Raúl Castro, junto con el actual presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, en una calle de La Habana. Foto: REUTERS Lo cierto es que GAESA hoy es más poderosa que nunca, pero la pobreza en la isla nunca ha sido peor. “El ejército ha sido el brazo más pragmático de la revolución, pero eso no significa que apoye la liberalización política”, explica Frank Mora, ex vice ministro de Defensa del gobierno de Barack Obama. “Es tanto una empresa económica como una institución militar. Por lo tanto, tienen menos incentivos para alterar el status quo, a menos que les resulte beneficioso”.
La familia Castro ha utilizado su autoridad sobre el conglomerado para mantener un control férreo sobre la economía. En 2011, poco después de asumir la presidencia, Raúl Castro puso a su yerno, el general Alberto Rodríguez López-Calleja, al frente de GAESA.
Tras la muerte de ese militar fue designada una persona ajena a la familia: la general de brigada Ania Guillermina Lastres Morera, quien fue sancionada por Washington este mes. El “nieto en jefe”, Raúl Guillermo Castro, mantiene un vínculo particular con la funcionaria lo que contribuye a preservar la influencia familiar. Registros de vuelo muestran que en 2024 viajaron juntos en un jet privado a Panamá, donde el conglomerado registró empresas para evadir las sanciones estadounidenses.
Si bien el gobierno cubano suele culpar a las sanciones y al embargo comercial de Washington de sus problemas financieros, las estrategias de inversión de GAESA también han contribuido al declive económico de la isla. “El gobierno se queja del embargo cuando le conviene, pero luego construye estos hoteles”, reprocha Ricardo Torres, economista de la American University en Washington, especializado en Cuba.
Adiós al «deshielo» de Barack Obama
Tras el acuerdo de 2015 entre Cuba y Obama, que restableció las relaciones diplomáticas y flexibilizó las restricciones de viaje, la corporación apostó fuertemente por el turismo, anticipando una afluencia de estadounidenses. Al principio, la apuesta dio sus frutos y hubo un intenso turismo norteamericano y GAESA se embarcó en un derroche de gastos: para 2025, había construido 121 hoteles, frente a los 56 de una década antes, añadiendo 22.000 nuevas habitaciones. Pero el auge turístico fue efímero.
En 2016, Trump desbarató el deshielo, que había producido una proto clase media y comercios privados, reimpuso las sanciones y prohibió la entrada de turistas estadounidenses lo que llevó a la quiebra a los pequeños albergues y restaurantes familiares La economía cubana sufrió otro duro golpe en 2020 con la pandemia de coronavirus. Y ya no se recuperó.
Sin embargo, GAESA continuó construyendo hoteles, mientras descuidaba otros sectores de la economía. La otrora famosa industria azucarera cubana colapsó, al desplomarse el gasto público en el sector. En los últimos años, Cuba ha tenido que importar azúcar incluso de EE.UU.
En 2024, Cuba destinó casi 40% de su presupuesto al turismo y la hotelería, unos 1.500 millones de dólares. Sin embargo, la ocupación hotelera ese año se mantuvo en un desalentador 30%. El presupuesto para turismo fue aproximadamente 11 veces mayor que el de educación y sanidad combinados en 2024. Otro dato grave: el gasto en educación disminuyó 26% ese año en comparación con 2023.