Con cientos de policías y militares, y topadoras para levantar los piquetes, el gobierno de Rodrigo Paz puso en marcha este sábado a primera hora el “Corredor humanitario de las Banderas Blancas”, el gran operativo para levantar los bloqueos en la principal ruta del occidente de Bolivia y tratar de resolver la grave crisis de desabastecimiento en La Paz.
Pero a última hora no estaba claro hasta qué punto el plan fue efectivo. En varias localidades los manifestantes recibieron a la caravana lanzando piedras, y la policía respondió con gases lacrimógenos. Una escena que se repite aquí desde hace semanas.
La caravana humanitaria, encabezada por el ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, llegó antes de las 7 de la mañana a distintos puntos de la ruta que lleva desde Oruro a La Paz, donde desde hace más de tres semanas grupos de sindicalistas, campesinos y seguidores del ex presidente Evo Morales mantenían piquetes en rechazo al gobierno y para reclamar la renuncia de Rodrigo Paz.
El viernes a última hora, en una conferencia conjunta, el portavoz presidencial, José Luis Gálvez, y varios ministros, anunciaron el operativo y el inicio de un proceso de diálogo con los grupos movilizados, que comenzó este mismo fin de semana, con la mediación de la Iglesia católica y otras organizaciones.
Un bloqueo en El Alto, en la ruta que va hasta la ciudad de La Paz. Foto: AP El objetivo más urgente es restablecer el abastecimiento en la ciudad de La Paz, donde desde hace varios días es una odisea conseguir algunos alimentos básicos y los hospitales ya están suspendiendo cirugías y reduciendo su atención por la falta del oxígeno medicinal.
“Este operativo, que contará con la presencia de la Policía y será apoyado logísticamente por las Fuerzas Armadas, tiene el único objetivo de normalizar la vida de ciudadanos alteños y paceños que estamos sufriendo los rigores de la falta de oxígeno y de alimentos”, declaró el ministro de Gobierno (Interior), Marco Antonio Oviedo, el viernes a la noche, y aseguró que la operación sería “pacífica”.
La población de La Paz, y de muchas otras ciudades del país, comienza a mostrar su hartazgo con los bloqueos de rutas y un cierto malestar con el gobierno, que no ha logrado hasta ahora normalizar la circulación de camiones y autos.
Enfrentamientos
Pero los manifestantes –liderados por la poderosa Central Obrera Boliviana y grupos de campesinos y sindicalistas- no cedieron fácilmente. En varios puntos de la ruta que lleva desde Oruro a La Paz –un recorrido de algo más de 220 kilómetros- las topadoras y los policías y militares chocaron con los “bloqueadores”, como los llaman aquí.
En El Alto, cuando las excavadoras comenzaron a levantar los neumáticos quemados, las piedras, la basura y otros elementos que se habían usado para bloquear los caminos, algunos manifestantes respondieron con pedradas.
La policía respondió con gases lacrimógenos. Tras el paso de la caravana del corredor humanitario, los principales accesos desde El Alto a la ciudad de La Paz, otra vez fueron bloqueados con piedras, palos y bloques de cemento por grupos radicales en la ciudad de El Alto, a unos 20 kilómetros de La Paz.
Una topadora trata de levantar un bloqueo en una ruta de Bolivia. Foto: EFETambién en la zona de Ventilla, en la ruta que une Oruro con La Paz, los manifestantes se enfrentaron con los policías que participaban del operativo. Y volvieron a cortar la ruta poco después.
Pese a los choques, parte del convoy logró avanzar. Camiones que permanecían detenidos desde hace casi 20 días comenzaron a cruzar algunos tramos de la ruta, según mostraban lo s medios locales.
El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, que encabezaba la caravana, anunció su disposición a dialogar personalmente con los manifestantes en todos los puntos de bloqueo para pedir la suspensión de la medida.
“Diálogo ante todo y estamos trabajando en conjunto con nuestros policías y militares sin armas letales”, declaró Zamora por la mañana, y esperaba en el día de ayer una solución al conflicto para que “se pacifique el país”.
Poco más tarde, en La Paz se instaló una reunión de gabinete de emergencia encabezada por el presidente Paz, y estaba previsto un encuentro con organizaciones campesinas. El gobierno trabaja sin pausa el fin de semana para acercarse a una solución a la crisis.
Reuniones
Sin embargo, el anunciado Consejo Económico y Social que en principio se reuniría este sábado, se postergó hasta el miércoles, porque las autoridades esperan que hasta entonces se haya solucionado el bloqueo de caminos y haya vuelto la normalidad a las ciudades de La Paz y El Alto.
La Paz parecía este sábado en calma, luego de la protesta que el viernes al mediodía terminó en graves incidentes, con manifestantes “gaseados” por la policía cuando marchaban para pedir la renuncia del presidente. En la zona de Copacabana y Sopocachi, a mitad de camino entre el centro de La Paz y la exclusiva zona sur, el movimiento ayer no parecía diferente al de cualquier sábado: familias vestidas para ir a la iglesia, jóvenes reunidos en los locales de comida rápida, vendedores ambulantes que ofrecen fundas para celulares, esmaltes para uñas o jugos de naranja.
Más cerca de la histórica Plaza Murillo, el acceso estaba totalmente bloqueado. Pero no por manifestantes sino por un férreo cerco policial que impide acercarse al Parlamento y a la Gran Casa del Pueblo, la sede del Ejecutivo. Esa zona que fue escenario de graves enfrentamientos esta semana, estaba en calma.
Pero pese a los esfuerzos del gobierno, el combustible no llega a las estaciones de servicio, y se mantienen las largas filas de vehículos en diferentes barrios. También escasea el pollo, la carne, los huevos y algunos vegetales, que vienen desde la región de Santa Cruz, el gran motor agroindustrial del país.
El gobierno apuesta al diálogo y al desgaste de los manifestantes. La protesta fue perdiendo fuerza en los últimos días y crece el clamor de la población por una solución al conflicto. Pero aquí es difícil prever si habrá acuerdo o si se repetirán las escenas de caos y violencia de la semana pasada.