
Portugal cumplió, ganó 2-1 ante Nigeria en su último amistoso antes del debut mundialista y dejó varias conclusiones. Pero hubo una imagen que se llevó buena parte de las miradas y tuvo como protagonista al de siempre: Cristiano Ronaldo.
La primera llegó muy temprano, cuando Portugal encontró espacios y lo dejó lanzado hacia el arco rival. El Bicho leyó perfectamente la jugada, atacó el espacio libre y quedó mano a mano. Una situación de esas que durante años parecieron sinónimo de gol. Sin embargo, esta vez la definición salió apenas desviada y la pelota terminó pasando muy cerca del palo.
El capitán portugués arrancó como titular y fue el único de los habituales titulares que siguió en cancha después del entretiempo. Mientras el entrenador renovó prácticamente todo el equipo para repartir cargas y minutos, CR7 permaneció sobre el césped algunos minutos más. Y tuvo otra oportunidad para sacarse la espina del primer tiempo pero tuvo el mismo final.
Apenas comenzado el segundo tiempo, Portugal armó una buena acción ofensiva y el centro encontró a Ronaldo completamente libre dentro del área. Sin marcas, con tiempo para acomodarse y con el arco prácticamente a disposición, el delantero conectó el balón de una manera inesperada. El remate salió defectuoso, tomó demasiada altura y terminó perdiéndose muy lejos del arco.
La reacción fue tan elocuente como la jugada. Cristiano esbozó una sonrisa incrédula, miró alrededor buscando alguna explicación y hasta pareció revisar si existía una posición adelantada que invalidara la acción. Como si él mismo no pudiera entender cómo se le había escapado una oportunidad tan clara.
Minutos después, a los 19 del complemento, llegó el momento del descanso. Ronaldo abandonó el campo y recibió el reconocimiento de los hinchas, cerrando una actuación curiosa: participativa, activa y siempre protagonista, pero lejos de la contundencia que lo convirtió en uno de los goleadores más temidos de la historia.