De la angustia y el disfrute, al día después a esa jornada en la que la Selección empezó a tener sensaciones de Mundial. Esa adrenalina e impresión de que un mal día te manda a casa. Quizás por eso en la Scaloneta nadie se haya quedado únicamente con el sabor del triunfo, sino también con la percepción de que debe hacerse un análisis (pero no un sobre análisis) para detectar qué le pasó al campeón del mundo ante el humilde aunque laborioso y dinámico Cabo Verde.
La Cenicienta del torneo puso en aprietos a la Argentina. “Si bien suele desprestigiarse a las selecciones únicamente por el nombre, nosotros sabíamos que esto no iba a ser para nada fácil”explicó leo messi sin esconder que “lo importante ahora pensar en lo que viene, sacar las cosas positivas y corregir las malas, que fueron muchas también”.
Mesdependencia
La Selección sorteó la primera fase del torneo con autoridad, casi sin sufrir ni despeinarse. Pero no deja de ser cierto que el equipo nunca fluyó como era una costumbre de este ciclo. Porque si hay algo que había logrado la Scaloneta era no ser Messipendiente. Y en este certamen lo terminó siendo: la genialidad del capitán pesó en la ecuación.
“Lo negativo lo hablaré con los jugadores, me quiero quedar con lo positivo. Recibimos golpes en momentos puntuales, y esos golpes te achican. Pero siempre fuimos por el partido. Esta Selección recibe el palo y sigue buscando el arco rival”. Scaloni destacó la resiliencia del grupo, la capacidad para levantarse. En público evitó puntualizar cuáles eran las situaciones a corregir que sí, está claro, se empezaron a tocar en privado desde este sábado.
El diagnóstico es claro y trasciende la genialidad de Messi: el factor Leo no está en discusión. Sí se ha visto colectivamente que no ha aparecido con continuidad esos rasgos distintivos de esta Selección, como la presión para recuperar ante la pérdida y la variedad para distribuir equitativamente el peso de partido sin depender de una figura. En esa línea quizás el problema más complejo haya sido que los volantes no han jugado en buen nivel de manera sincrónica, si no que se fueron turnando. De Paul lo hizo muy bien con Argelia, Enzo se destacó con Austria y Alexis no logró encontrar su mejor versión. Y como el cuarto pistón (Thiago Almada), ese que algunos cuentan como volante y otros como delantero, no engrana, todo lo que pasa en ofensiva resulta alguna patriada copyright Messi.
Las cuestiones puntuales del funcionamiento a perfeccioinar
Esta Scaloneta 2026 hasta aquí ha carecido de cambio de ritmo. Es cierto que eso le permite controlar la pelota, tratar de que el rival deje espacios aturdido por las posesiones largas, esas que el deté valoró desde su génesis en el cargo porque siempre generaron situaciones de gol. Ahora bien: el problema es cuando eso no daña. Ante rivales ordenados y fuertes físicamente, termina siendo un dolor de cabeza.
Si se puntualiza la situación de los mediocampistas es porque es la zona medular del campo, pero el tema está también que eso volantes tampoco encuentran receptores para meter ese bochazo entre líneas. Hasta ahora, el único que se movió en consecuencia fue Leo, que aprovechó como nadie esa daga de De Paul en el debut o el pase a lo Messi de Lisandro Martínez para el 1-0 en los 16avos. Los laterales también necesitan ser más profundos, incisivos, y los que juegan adelante (Thiago, Lautaro, Julián o Nico González) intentar romper con sus gambetas o su prepotencia física. Sino, el juego parece volverse anodino.
Las cuestiones tácticas se podrán resolver con charlas, retoques en las búsquedas o modificaciones de nombres de cara a un partido con Egipto que no será tan parecido al de Cabo Verde. La selección que tiene a Mohamed Salah como estandarte saldrá a jugar un poco más adelante y no se impone tanto por su músculo: es un equipo más técnico que atlético. Y, además, si bien el favorito es Argentina, los Faraones sí tienen cosas que perder…
La resiliencia, un factor importante
Pero hay algo que tiene esta Selección y este grupo que hay que seguir destacando: que nunca se da por vencido. Que consigue reponerse de las piñas. Cuando parece nocaut o perdido, saca una mano ganadora. Pasó en varios momentos del ciclo más exitoso de la historia de la Selección y quizás remitirse a los últimos ejemplos marca de qué están hechos este plantel. Porque en el Mundial, cuando se venía la noche con México apareció Messi, cuando la cómoda victoria con Países Bajos se transformó en pesadilla se presente el Dibu, cuando se puso cuesta arriba con Francia todos jugaron al máximo, más allá de pequeños errores. Y en la Copa América 2024 con Ecuador, quizás uno de los peores partidos de los 100 de Scaloni, en los penales apareció la jerarquía.
Al talento individual innegable que tiene la Selección, hay que sumarle una fortaleza mental que los pone un escalón arriba del resto. Porque siempre se asegura que lo más difícil después de ganar es volver a hacerlo y este plantel lo ha demostrado. Sigue compitiendo con pasión hace ocho años, logró cuatro títulos (sobre cinco en juego) y va por más. Con errores por corregir, con Leo como bandera, pero con la Messiliencia como religión.

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