Fútbol y política van de la manocasi siempre. Para unir o para separar, claro. Lo vivimos desde hace rato en la Argentina, en carne propia, con miserias de todos lados. Y no solo pasa en estas tierras. Ahora también se ve en el Mundial. Más que nunca, cuando un tal Donald Trump volvió a mostrarle al mundo su omnipotencia y su poderíodemostrando que también es capaz de modificar una suspensión.
Sin ser un gran especialista, el domingo primero le agradeció a la FIFA que hubiera dejado jugar a Folarin Balogun a pesar de haber sido expulsado. Esta vez describió la jugada como una acción de fricción y hasta puso un manto de sospecha sobre el árbitro brasileño Clausel de la roja. Incluso contó que llamó a Gianni Infantino para pedirle que revisaran la jugadacomo si el peso específico de ese telefonazo no influyera en exceso.
Trump contó lo que pidió
El presidente de Estados Unidos dio detalles sobre su participación en la polémica decisión de la FIFA. (X: @atrupar)
Lo que venía siendo un Mundial de 48 equipos exitosorepleto de goles y partidazos, con emoción al palo y figuras históricas brillando (Messi, Mbappé, Kane, Haaland), con estadios llenos y el pausa para el enfriamiento como principal motivo de controversiase nubló rápidamente por la intromisión y la presión de Trump sobre un socio estratégico como Gianni Infantinoquien tejió este gran evento con su apoyo y hasta se instaló a vivir en Miami cuando no está de viaje.
Es entendible que el presidente de la FIFA argumente que sus comisiones son independientes y que toman sus propias decisiones. Pero, como ocurre con la Justicia, todos sabemos que muchas veces hay mucho más detrás de esa independencia formal. La política siempre se mete en el fútbol. Por algo hay presidentes que bajan a los vestuarioshablan con los planteles —como hizo el mandatario de Egipto este martes—, príncipes como los de Noruega que aparecen para celebrar, la reina Máxima alentando a Países Bajos y hasta apoyando a Curazao. Emmanuel Macron, por caso, fue a levantarles el ánimo a los jugadores franceses tras la final de Qatar 2022 y ahora Santiago Peña, presidente de Paraguay, poco menos que beatizó a Gustavo Alfaro. Sin embargo, lo de Trump fue mucho más disruptivo.
Y a la FIFA le explotó una bomba entre las manosabriendo la puerta a cuestionamientos como el de la UEFA —respaldando a su «cliente», Bélgica— y, sobre todo, al rechazo del mundo del fútbol y de los hinchas. Porque no hay nada peor que cambiar reglas o inventar interpretaciones sobre la marchatomando decisiones que atentan contra la credibilidad y el fair play. Se acomodó un marco legal, claro esta, pero esto que pasó es muuuuy excepcional.
Y así como el año pasado Central fue declarado campeón sin que estuviera previsto —más allá de haber sido el equipo que más puntos sumó— y los hinchas estallaron, el mundo del fútbol sintió una enorme injusticia con este «indulto» tan excepcional. Se armó un combo explosivo justo cuando el Mundial venía lanzado. ¿Todo pasa?


