No está claro si fue Confucio hace 2500 años, si lo teorizó el periodista Arthur Brisbane en 1911 o si se le ocurrió al publicista Fred R. Barnard en 1921. Pero la realidad es que la teoría de que una imagen vale más que mil palabras. La postal de Giuliano Simeone entrenando en el Compass Minerals Center de Kansas City es un ejemplo de ello: la lente de los fotógrafos de la Selección retrataron a la perfección la potencia y la digitalizaron en JPG.
En la intimidad reconocen que Giuliano tiene un rendimiento físico envidiable. Que su respuesta a los ejercicios más intensos siempre es óptima. Que su capacidad para el despliegue es una virtud que lo destaca tanto como su buena vibra, el profesionalismo que demuestra a sus 23 años y su permanente optimismo. Algo que vale quizás tanto o más que su talento futbolístico.
Una característica que ya definía a su viejo, Diego Pablo, que sufrió como loco con la #17 de su hijo cuando las cosas no salían ante Egipto. Y que con el gol de Enzo Fernández gritó como si estuviera con su histórico dorsal 14 adentro del campo.
La foto viral de la potencia
El Cholito tiene cosas de su viejo. El profesionalismo y su empuje como un toro para poner al grupo por encima de lo individual: en su primer Mundial todavía no ha logrado establecerse como titular pero eso no lo ha bajoneado. Él va para adelante. Como cuando sufrió aquella grave lesión en 2023 y les advirtió que no había que caerse porque iba a estar acá, en los Estados Unidos, cuando ni siquiera había sido citado por Lionel Scaloni. Con esa esperanza a cuestas, el pibe va para adelante. Y cuando juega, responde.
Giuliano aprovechó su única titularidad para ofrecer una prestación que respondió exactamente al perfil que busca LS en los extremos: jugó 71 minutos ante Jordania, recorrió 8.279 metros y sostuvo 40 presiones directasuna cifra altísima para no haber completado el partido. En ese rubro quedó apenas por debajo de Paredes y Otamendi mi igualó a Julián Álvarez. Su aporte fue más de desgaste, persecución y activación de la presión que de peso ofensivo.
También fue importante sin pelota en fase ofensiva: realizó 38 ofrecimientos para recibir y fue encontrado 19 veces, con un 50% de efectividad. De esos movimientos, 13 fueron “in to out” y 13 en ruptura “in behind”, señal de un extremo que no se quedó fijo: atacó espacios, estiró la defensa y le dio profundidad al equipo. Con pelota tuvo baja intervención —6 pases, 5 completos, 83%—, pero su valor estuvo en correr, presionar y abrir caminos.
Siempre va para adelante, Giuliano. Como cuando entró contra Brasil y marcó un golazo. Como cuando le tocó retroceder por izquierda en los testeos ante Mauritania y Zambia. Como en la previa a la Copa del Mundo, aprovechando la asistencia de taco de Lautaro Martínez para meterle un gol a Islandia y demostrar que es picante. Una gacela que espera su chance, sabiendo que el camino recién comienza y hay que dar cada paso firme.

