
La idea de belleza cambia a lo largo de la vida y también lo hacen las razones por las que una persona puede sentirse atractiva. Mientras durante la juventud la apariencia suele ocupar un lugar central, con el paso de los años muchas personas comienzan a valorar otros aspectos relacionados con el bienestar y la identidad.
Las investigaciones en psicología muestran que la percepción de la propia imagen no depende únicamente de las características físicas. También intervienen factores como la autoestima, la aceptación personal, las experiencias de vida y la influencia de las normas sociales.
En las últimas décadas, distintos especialistas analizaron cómo las expectativas culturales sobre el envejecimiento afectan la manera en que las personas, especialmente las mujeres, perciben su cuerpo y su rostro.
Lejos de limitarse al aspecto externo, la sensación de sentirse bien con la propia imagen suele estar vinculada con una relación más flexible y menos exigente con uno mismo.
La psicología dice que muchas personas se sienten bellas a los 60 y 70 años cuando dejan de actuar para la mirada ajena
El artículo publicado por VegOut Magazine sostiene que muchas personas experimentan una sensación de mayor belleza en la madurez no porque hayan encontrado un tratamiento estético excepcional o una forma particular de vestir, sino porque dejan de vivir bajo la idea de ser observadas y evaluadas de manera constante por los demás. Esa menor preocupación por la mirada ajena modifica también la forma en que perciben su propia imagen.
Una teoría ampliamente estudiada en psicología que ayuda a comprender este fenómeno es la teoría de la objetivación, desarrollada por las psicólogas Barbara Fredrickson y Tomi-Ann Roberts. Según este enfoque, muchas mujeres aprenden desde edades tempranas a observar su propio cuerpo desde una perspectiva externa, como si fueran espectadoras de sí mismas. Esa autoobservación permanente puede generar ansiedad, insatisfacción corporal y una preocupación constante por la apariencia.
La psicóloga estadounidense Brené Brown, investigadora de la Universidad de Houston, sostiene que la aceptación personal y la autenticidad favorecen una relación más saludable con la propia imagen. En sus investigaciones señala que abandonar la búsqueda permanente de aprobación externa permite desarrollar una autoestima menos dependiente de la apariencia física y más vinculada con la identidad y los valores personales.
Entre los cambios que suelen observar los especialistas con el paso de los años aparecen:
Estudios como «The Development of Self-Esteem», publicado en Current Directions in Psychological Science, muestran que la autoestima tiende a aumentar desde la adolescencia hasta la adultez media, alcanza su punto máximo entre los 50 y 60 años y luego disminuye de forma gradual en la vejez avanzada. Los investigadores relacionan este fenómeno con una mayor estabilidad emocional y una percepción más integrada de la propia identidad.
Los especialistas aclaran que sentirse atractivo en la madurez no depende de ignorar el paso del tiempo ni de dejar de cuidar la salud o la apariencia. Más bien responde a una forma diferente de relacionarse con la propia imagen, en la que la opinión de los demás pierde protagonismo frente a la percepción personal.