Les pongo deberes: no dejen ustedes de ver en cuanto puedan el espectacular, brillante, monumental Escritorio pequeño que la protagonista de estas líneas llevó a cabo hace muy poco, junto a una banda de infarto, en la sede de la cadena NPR en Washington D.C. Es la única forma de que se hagan una idea aproximada de la dimensión artística de una semi-deidad como Jill Scott. Eso, claro, si no la conocen ya, porque fama no le falta.
Natural de Filadelfia, como tantos otros gigantes de la música afroamericana, Jill Scott saltó a la palestra a finales de los años noventa gracias al, como siempre, buen ojo de Ahmir Khalib Thompson (en arte búsqueda de amorbatería de The Roots y tantas otras cosas) que la descubrió en un recital de poesía, tras el cual le preguntó si escribía canciones. Ella mintió diciendo que sí (hasta entonces sólo escribía poemas) pero gracias a ese empuje logró colaborar con Las raíces en la composición del hit masivo que acabó siendo «You got me» y, aunque no la cantó (eso lo hizo Erykah Badu), fue el paso decisivo para un primer álbum, ¿Quién es Jill Scott? (2000) , que la situó entre las cabezas pensantes de lo que se dio en llamar neo-alma a principios de este siglo, junto a luminarias como Lauryn Hill, angie piedrael añorado d’angelo o la propia badú.
Desde entonces, los éxitos de Jill Scott han sido muchos. Álbumes como Bellamente humana (2004) o Mujer (2015) son importantes para entender la evolución que ha hecho el r’n’b en los últimos tiempos. Ella, además, cuenta con un estilo propio en el que combina jazz, soul, blues y hip hop con el palabra hablada y un discurso comprometido siempre argumentado de forma certera. Una auténtica francotiradora que ha contribuido a poner a la mujer en el papel preponderante que actualmente juega en el mundo de la música popular, lo cual no es en absoluto moco de pavo.
Y es que uno se pregunta cómo esta súper mujer podía dedicarse solo al recitado de poesía –palabra hablada– con el rango vocal inhumano que se gasta (vean, vean su Escritorio pequeño y ya me dirán). Una voz que es un regalo de los dioses, pareja a un talento y una personalidad con poco parangón, algo que le ha garantizado su entrada en el Olimpo de la música soul. Será por eso que ha tardado nada menos que 11 años en dar continuidad a aquel Woman. No necesitaba demostrar nada y ha estado ocupada actuando (en cine y series, su otra gran faceta), con causas filantrópicas o colaborando puntualmente con otros artistas (Alicia llaves, Común, Rapsodia). Así que ella tan sólo ha tenido que esperar el momento correcto, a que las cosas le inspiraran.
Por eso este A quien esto le pueda interesar suena tan natural. Como si el tiempo no hubiera pasado, pero con una madurez añadida que le permite, a la vez, desplegar experiencia y tener menos tapujos que cuando era más joven para desinhibirse y mezclar géneros que convierten su música en un crisol que va más allá de su tradicional registro centrado en el rhythm and blues y los tiempos lentos y medios.
De hecho, suena pletórica cuando, tras esa necesaria presentación de la fiesta que es «Dope shit» («I check this checklist every day of my life: I make love, I be good, I do dope shit») se abalanza sobre nuestros oídos con «Be great», que cuenta con la colaboración de Trombón Shortypuro boom bap atiborrado de raíces directamente traídas de Nueva Orleáns. No es de extrañar, por tanto, que en la atmosférica “Offdaback” suelte eso de «I can sing diverse music to a diverse audience» (puedo cantar música diversa para una diversa audiencia).
Es en esa frase situada en todo un homenaje a sus ancestros musicales donde encontramos el concepto argumental de este trabajo, que es especialmente diverso musicalmente y persigue también un concepto unitario de audiencia. Jill canta (o rapea) para todas y para todos. Y hace lo que le apetece. Por ejemplo, sorprende con un número de blues clásico, al más puro estilo de Ma Raineyen «Pay U on tuesday», que para nada descuadra la coherencia de un conjunto que va de eso, de mix sónico total. Lo vemos también en el afrobeat que inunda “BPOTY”, con otra de las colaboraciones estrella, Demasiado cortocon un ritmo frenético que contrasta con la relajación jazz de «Me 4» o «The math» o el hip hop canónico de «Norf side», con Tierra Golpeo «Oda a Nikki», con Ab-alma.
Por el camino, por supuesto encontramos grandes muestras del neo-alma que ella ayudó, probablemente más que nadie, a edificar: empezando por los fabulosos singles «Beautiful people» y «Pressha», canciones que uno no se cansa de escuchar y que demuestran que Jill no ha perdido en absoluto su toque. Todo lo contrario, la experiencia adquirida en estos años de silencio, colaborando con otros artistas y recibiendo inspiración de nuevas generaciones se hace notar. Lo demuestran piezas tan logradas como «To B Honest», con esa arrebatadora línea de bajo y ritmo sensual, «Right here right now» y su exuberancia electrónica -casi house-, o la sencillez soul de la final «I sincerely do», que deja con la sensación de que, al final, podrá tardar lo que quiera en regresar, pero cuando lo haga, alguien tan descomunal como Jill Scott siempre será recibida como lo que es, maná caído del cielo.
Escucha Jill Scott – A quien esto le concierna