En portada, la preciosa pintura de Marc Burckhardtmuestra a un gato blanco que descansa bajo una alfombra de tonalidades malva sin temor a ningún peligro. De porte imperial, y con ojos de diferentes colores, su expresión es la del bienestar, aunque está a punto de ser atacado por otro felino atigrado que salta a su acecho tirando la mesa, el jarrón y un tapete con blonda. El ambiente de esta escena es como si estuviéramos en el interior de una granja perdida en el oeste americano que puede representar ese gótico americano que tanto gustaba a Flannery O’Connor.
La música y la estética en la música de Mítico suelen ir muy ligadas, y una de las cosas que la diferencia de otras artistas de su generación a mi parecer, es la capacidad que tiene para desarrollar una narrativa artística centrada en sus conflictos internos, y con referentes musicales claros, pero que enfatiza su singularidad; a cada disco de la compositora uno advierte la personalidad y firmeza que va cogiendo su forma de expresar su arte, así como la capacidad de crear ambientes que son tan potentes y acogedores.
Su nuevo disco es un trabajo -tras el gran paso cualitativo que supuso La tierra es inhóspita y nosotros también– en el que subraya la necesidad de poner tierra de por medio y desaparecer, al menos durante un tiempo, de esta realidad tan sofocante. El título del álbum es un guiño al oyente -no todo está perdido: en estos surcos estaremos al resguardo de la belleza-, porque la temática se proyecta hacia esta desazón vital, así como los silencios incómodos por situaciones emocionales desconcertantes.
El sencillo de adelanto de Nada está a punto de pasarme (Océanos muertos2026), “Where’s My Phone”, tiene un punto guitarrero que recuerda a grupos como Difuminary en la letra muestra su preocupación hacía los peligros inminentes o futuros o inventados (“Si la noche es como si hubieras abierto un agujero hacia el mañana / Me follaría ese agujero toda la noche / Me quedaré fuera hasta que mi mente sea como un cristal limpio / Un cristal limpio en el que no pasa nada”). La pedal steel de Grasas Kaplin le da ese toque country a la hermosa “Cats” en la que Mítico declama unos versos de resignación amorosa, y más beligerante se pone en “If A Leave” con las guitarras desbocadas, y sencillas viñetas líricas que son un dechado de expresividad (“Porque si lo perdiera / Alguien más te animará / Pero ¿quién más podría amarme / Tan amablemente como tú? / ¿Quién podría amarme / Tan amablemente como tú? Tú”).
Y el disco sigue girando, y los sonidos se propagan aludiendo a los soleados mimbres de Laurel Canyon (“Instead Of Here”); composiciones delicadas con toques orquestales que recuerdan a otra maestra en estas lides, Sangre de Weyes“I’ll Change For You”; retazos de country que podrían salir de alguna taberna de Nueva Orleans (“Rules”), y la pieza final “Lightning”, un medio tiempo pop en donde termina por todo lo alto (“Cuando muera / Cuando muera / ¿Podría volver como la lluvia? / Ver el mundo otra vez / Para volver a caer) entre la calma y la rabia contenida, resignada.
Escucha Mitski – Nada está a punto de pasarme (Dead Oceans)