
Cada vez más chicos y adolescentes sufren acoso escolar en Argentina. Según un informe de la ONG Argentinos por la Educación, 6 de cada 10 alumnos de sexto grado de primaria reportaron haber sido víctimas de una agresión en la escuela o en redes sociales y casi 4 de cada 10 se sintieron discriminados.
El bullying es una forma de violencia persistente e intencionada entre estudiantes, donde uno o más agresores intimidan, agreden física, verbal o psicológicamente a otro alumno. UNICEF, la agencia de las Naciones Unidas dedicada a la infancia, enfatiza en que no se trata de incidentes aislados. «El acoso es un patrón de comportamiento», remarca.
La violencia en las aulas se intensifica y es fundamental que los adultos detecten a tiempo estas situaciones. Muchos padres no saben cómo resguardar a sus hijos del acoso y la violencia. Otros no saben que sus hijos están siendo víctimas, testigos o incluso quienes ejercen esas conductas.
El bullying o acoso escolar es toda forma de intimidación o agresión ejercida de manera reiterada e intencional por uno o más estudiantes contra otro.
Puede manifestarse de distintas maneras: a través de agresiones físicas como golpes, empujones, arrojar objetos o robar útiles; mediante el maltrato verbal, con insultos, apodos o burlas para humillar; o a partir de la exclusión social, como ignorar, difundir rumores o dejar a alguien fuera de actividades.
Además de posibles daños físicos, el acoso escolar puede generar consecuencias emocionales y de salud mental, como baja autoestima, ansiedad o depresión. Desde UNICEF advierten que estas situaciones pueden ocurrir tanto en persona como en entornos digitales.
El ciberacoso, en particular, suele darse a través de redes sociales, mensajes de texto, correos electrónicos u otras plataformas utilizadas por chicos y adolescentes.
UNICEF señala que la prevención es el primer paso para proteger a chicos y adolescentes, tanto en el entorno digital como en la escuela.
Para eso, es fundamental entender qué es el acoso; conocer el problema les permite identificarlo con mayor facilidad, ya sea que lo estén viviendo en primera persona o que le ocurra a alguien más.
Además, recomiendan preguntarles cómo les fue en la escuela y en sus actividades en línea, interesarse no solo por lo académico sino también por sus emociones. Asimismo, remarcan que los niños consideran a sus padres ejemplos de cómo comportarse, por eso se debe enseñar con el ejemplo.
En cuanto a las señales de alerta, el organismo advierte que es fundamental observar cambios en el estado de ánimo, ya que muchas veces no se animan a contar lo que les pasa. Entre los indicios a tener en cuenta se encuentran: