
Hay puntos en la carrera de un actor donde empieza a haber dudas sobre si se está recorriendo el camino adecuado. Si el esfuerzo va a conducir en algún momento a una recompensa, o incluso si no se debería estar haciendo algo más ambicioso. Algunos intérpretes quieren demostrarse a sí mismos que pueden dar el siguiente paso y dirigir sus películas.
En cierto punto, Mark Ruffalo estaba recibiendo menos oportunidades de las que esperaba tras haber sido un secundario destacado, e incluso estrella en algunas películas románticas. En ese momento de inseguridad, decidió dar un cambio en su trayectoria que podía apuntar a ser el definitivo.
Simpatía por la dirección
En 2010 dirigió Sympathy for Delicious, un drama indie protagonizado por Christopher Thornton sobre un joven DJ que se queda en silla de ruedas y que descubre que tiene habilidades especiales. Ruffalo se dio a sí mismo un rol muy secundario, encontrándole más gusto a estar tras las cámaras en lugar de delante.
”Me gustó tanto que lo dejé”. En una entrevista para Entertainment Weekly el actor confesó que estaba listo para dejar la actuación y volverse director. “Despedí a mi agente y mi representante y dije: ‘Se acabó’”. Su plan iba a salir hacia adelante hasta que se le cruzó en el camino la posibilidad de un Oscar.
En el mismo año de su debut como cineasta se estrenó Los chicos están bien, por la que fue nominado en 2011 como mejor actor secundario. Esto llevó a Ruffalo a reconsiderar prioridades, ya que de repente le surgieron nuevas oportunidades, incluyendo ser el nuevo Hulk para Marvel, así que abandonó su plan de retirarse como actor. Eso sí, no ha renunciado a volver a dirigir, y ha comentado que lleva cuatro años trabajando en un proyecto que igual sale adelante pronto.
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