La escritora se encarga del guion de la nueva versión del filme de Jaime de Armiñán y José Luis López Vázquez. «Tiene un guion magnífico», dice, añadiendo que la original es «un pavimento maravilloso para bailar sobre él e imaginar otras cosas»
Hace 54 años, cuando la única Mi querida señorita (1972) que existía era la del director Jaime de Armiñán y el actor José Luis López Vázquez, lo que era el protagonista de la historia no se decía en voz alta en ningún momento. «Recuerdo que pensaba: ‘Porque yo soy intersex, pero si no, no creo que la gente haya entendido que esto habla de una persona intersex». La que habla es Elisabeth Martínez (Alicante, 2000), la protagonista de Mi querida señorita (2026), la nueva, la de ahora, la actualizada, la del director Fernando González Molina (Pamplona, 1975) que llega a cines el 17 de abril y a Netflix el 1 de mayo.
Martínez debuta como actriz en este proyecto que no busca competir con la original, pero sí aclarar algunas cosas. La principal: lo que es realmente el personaje principal. «Es una película muy hija de su tiempo», dice la guionista Alana S. Portero (Madrid, 1978) sobre el filme de Armiñán, que fue nominado al Oscar a Mejor película internacional. «Tiene un guion magnífico y había que intentar, no tratar de competir con eso y no tratar de tener la más mínima idea de mejora, sino, a partir de este lugar: ¿qué vamos a contar? ¿Qué tenemos que contar? ¿Qué es lo que ahora debería quedar más claro?». La original es para la escritora de La mala costumbre «un pavimento maravilloso para bailar sobre él e imaginar otras cosas».
Y esas otras cosas que imagina esta nueva Mi querida señorita son a Adela, una joven a la que su familia ha criado sin contarle lo que es realmente, que es una persona intersex, alguien que nace con características sexuales que no encajan en las definiciones típicas de masculino o femenino. Tras descubrirlo en una visita al ginecólogo, Adela abandona su hogar, Pamplona, y se marcha a Madrid para encontrarse y descubrirse.
Nos dimos cuenta de que las personas intersex no se reconocían para nada en ese personaje, en ese señor con una peluca, en esa dualidad en la voz, en ese viaje tan binario. No entendían y no sentían que estuvieran hablando de ellos en la película original
Javier Calvo y Javier Ambrossi son los productores de esta propuesta para la que era fundamental encontrar a una actriz intersex. Molina y su equipo querían huir de lo que el cineasta llama «el efecto peluca», el coger a alguien y caracterizarlo para encajar en el personaje. La búsqueda se las trajo. El equipo del filme hizo una exploración del mundo intersex, contactó con asociaciones y descubrió, por un lado, a Martínez después de casi un año de trabajo de ‘casting’ porque, como indica el director, «no hay actrices intersex o abiertamente intersex en el panorama español». Por otro lado, se dieron cuenta de lo poco que las personas intersex se veían reflejadas en el filme de Armiñán. «Nos dimos cuenta de que ellos no se reconocían para nada en ese personaje, en ese señor con una peluca, en esa dualidad en la voz, en ese viaje tan binario. No entendían y no sentían que estuvieran hablando de ellos en la película», señala Molina.
Una película «casa»
Netflix
Martínez no fue consciente de lo que suponía protagonizar Mi querida señorita: convertirse en una de las pocas representaciones de persona intersex en el cine. «Lo he pensado después porque en el momento no me cabían tantas cosas en la cabeza», dice. «Me lo dijo Mer Gómez, que es la asesora intersex en la película. Me lo dijo una vez: ‘Claro, ahora eres un referente’. De repente me quedé como: ‘¡Anda! ¡Es verdad!».
Esa parte de representación es algo que todos los implicados tuvieron muy presente. «Es una de las motivaciones más importantes de la película», destaca Portero. «Hasta que no se cuentan las historias de todo el mundo, la cultura universal no está completa y sin las historias intersex, la cultura universal y lo que sabemos del ser humano no está completo». Era fundamental hacer un filme relevante en el sentido didáctico y activista. «Poner luz y taquígrafo sobre una realidad absoluta que la gente tiene que conocer».
La sensación de que una persona intersex vea la peli y la sienta un poco casa es fundamental
Y un precioso aderezo a eso es, como explica Molina, que la gente vea en Mi querida señorita un hogar, un lugar en el que identificarse y encontrar sensibilidades y sensaciones que no se sabe dónde buscar. «Para la gente que pertenecemos al colectivo, los referentes en el cine o en la música, la literatura, son claves, son los lugares a los que hemos acudido para intentar explicarnos y entendernos«, dice el cineasta poniendo como ejemplo a título personal el cine de Pedro Almodóvar. Mi querida señorita no es solo para las personas intersex, también para cualquiera que se vea reflejado en ella. «La sensación de que una persona intersex vea la peli y la sienta un poco casa es fundamental, pero es una casa también para la gente del colectivo o que siente cualquier disforia con su cuerpo o tiene cualquier conflicto«, indica.
La luz del viaje de ‘Mi querida señorita’
Netflix
El viaje de Adela está rodeado de gente llena de luz que la ayuda a hacer lo más difícil: encontrarse. En Pamplona está el Padre José María, un cura interpretado por Paco León (Sevilla, 1974), que plancha la sotana mientras escucha canciones de Mónica Naranjo y que tiene una historia de amor truncada por el sida. «Hoy en día la mayoría de la gente no conoce ni siquiera el término intersex y, según estadísticas, un 1,7% de la población es intersexual al mismo nivel que los pelirrojos, cuando los pelirrojos están bastante más visibilizados«, dice el actor. «Es una realidad que es muy interesante de conocer y creo que la película, no sé si es necesaria, pero sí conveniente en cualquier caso».
También en Pamplona y luego en Madrid, haciendo de puente entre ambos mundos, aparece una historia de amor. La causante es Isabel, una fisioterapeuta con el sueño de convertirse en actriz que despierta un lado apagado de Adela. Anna Castillo (Barcelona, 1993) la interpreta. «Sentí que esto iba a ser como una especie de cápsula referente para personas intersex», dice la actriz. «Es una de las cosas que más me atrajo del proyecto, poder formar parte de algo que dé nombre y cabida a esta parte del colectivo».
Netflix
En Madrid, donde Adela busca empezar una nueva vida, encuentra a la familia elegida. Gato y Ángela, a quienes dan vida respectivamente Manu Ríos (Calzada de Calatrava, 1993) y Lola Rodríguez (Las Palmas de Gran Canaria, 1998), son un pilar para la protagonista. «Hay algo muy bonito en ellos y muy real con lo que nos podemos identificar las personas que venimos de un pueblo o nos mudamos a la ciudad», indica Ríos. «De repente encontramos a gente que sabe vernos y hay un entendimiento, hacen que tú también florezcas y despegues«. «Fue muy bonito también cómo Fernando nos ponía ejemplos de su vida, de cuando él era joven, de cómo había amigos que les recordaba Ángela y Gato», añade Rodríguez. «Él también nos dio la mano desde el principio y nos hizo partícipes de la historia».
Es una de las cosas que más me atrajo del proyecto, poder formar parte de algo que dé nombre y cabida a esta parte del colectivo
Lo de Martínez ha sido un bautismo de fuego. Ha empezado en el mundo de la interpretación bien arropada por nombres como los ya mencionados, pero también los de María Galiana, Nagore Aramburu y Eneko Sagardoy. Después de esta experiencia, quiere repetir. «Me parece muy bonito y me gusta un montón», afirma. «Actuar es muy divertido. No sé cómo a alguien le apetece pagarnos por jugar«.
Y pensar que casi ni hace Mi querida señorita. «Me iba a Ecuador a ver a mi mejor amigo. Hice el primer ‘casting’-entrevista en un ordenador del trabajo en Barajas y luego vi la película original por primera vez con este amigo en Cotacachi diciendo: «Jaja, que voy a hacer una peli ¿Te imaginas?».