«Estupendo. Para mí es una semana linda…”. La reacción de Eduardo Coudet frente a la pregunta de Olé es una demostración de que el deté de Río está alineado con el desafío que enfrentará este domingo. Ahora, desde el banco.
El Chacho entiende de qué se trata. Que aunque haya bromeado con la metáfora meteorológica sobre cómo el derbi marcará la temperatura del cicloel entrenador sabe que el superclásico ante Boca siempre oficia como factor aritmético: todo lo anterior o lo posterior será multiplicado por el resultado. Y por las formas, esencialmente si las cosas no salen bien.
El partido contra Caraboboel del sexto triunfo en siete partidos, el que le permitió alcanzar una marca que no se daba desde 1972 -y que lo llevó a redondear un 90,5% de efectividad en puntos- era un obstáculo de calendario en términos meramente simbólicos: importante para liderar el grupo de la Sudamericana pero incómodo en medio de una semana “diferente”, en términos de Coudet. La rotación casi total fue una señal de cómo pondera este desafío king size. Ahora sí empieza el cosquilleo, la adrenalina, el reality show con focos en Boca Predio y el River Camp. La presión.
“Sé donde estoy y sé lo que significa. Tuve la suerte de jugar unos cuántos”.
Coudet tiene razón. No sólo que siete superclásicos en sus métricas personales como futbolista -con un gol con look semi platinado en una goleada histórica en La Boca- o los que ha vivido en Rosario Central (disputó 14 ante Newell’s; 5 de ellos como deté) y Racing (2 contra Independiente) avalan el conocimiento del Chacho sobre cómo pararse frente a esta oportunidad. También entiende que de la (primera) gestión de Marcelo Gallardo para acá, la mentalidad de River ante Boca cambió. La postura de aquellas grandes gestas no dejará de ser una vara con la que se medirá cada Súper.
El último enfrentamiento en la Bombonerade hecho, tuvo demasiado peso simbólico: nada representó menos a un equipo de MG que el rendimiento en aquel 0-2 del 9 de noviembre. Derrota que sirve aun como parámetro para entender cuánto había retrocedido River en ese tramo de 2025, cuando estaba por cerrarse la peor campaña de la década y una de las más flojas del siglo. La que se llevó al héroe.
El efecto Coudet en River
Está claro que el efecto Coudet logró que el paradigma cambiara desde los resultados y hasta desde el ánimo popular: varios jugadores pasaron del silbido al indulto. Sebastián Driussi lo consiguió con cinco goles en esta era; Facundo Colidio, con otros dos; Fabricio Bustos mejoró su índice elevando su nivel al aprovechar sus chances. Aunque no alcanza con eso. Chacho es consciente de ello. Pero el desafío será trasladarlo al partido que en el termómetro de la gente es el más importante del semestre.
El hombre de bufanda negra comprende, en este contexto, el lugar ocupa y qué cosas necesita mejorar para imponerse en el Monumental. El miércoles comenzó a propagar una medida confianza públicamente. Aunque puertas adentro, Coudet tiene por delante otros dos días para terminar de mejorar la versión del River que quiere ver en el clásico. Un equipo que pretende que se parezca más al de la goleada ante Belgrano (3-0, con presión intensa en ataque para recuperar y volver a encarar con voracidad) que al que le cedió protagonismo a Racing en Avellaneda (2-0) o que se complicó solo ante Carabobo, más allá de la victoria 1-0.
“Ahora vienen los días reales en donde te centrás (en el clásico), con un poquito de ansiedad…”arengó desde la sala de conferencias un Chacho conectado con la emoción del hincha. Aunque en la intimidad, en su análisis no deja de considerar lo que a la vista es elocuente. Como que, por ejemplo, la facilidad que su River demostró para aprovechar los errores rivales puede ser capitalizable en un clásico (la atención suele ser mayor y la tasa de yerros baja). Pero que, a la vez, una problemática crónica que se arrastra de la era Gallardo debe corregirse para no sufrir en el derbi: la tendencia para jugar demasiado al fleje del error.
Los pases incómodos en los límites del ecosistema de Santiago Beltrán, la tensión de los pases y las imprecisiones no hacen match con la pretensión de Chacho: un juego que fluya, que tenga ritmo en el marco de un equipo físico que se imponga. Otra meta.
Con retoques obligados
En esa línea, River deberá redoblar esfuerzos para equiparar el potencial de Boca: si el último tercio del equipo de Chacho es lo que mejor funciona, el correlato de su adversario está en el centro de la cancha. Claudio Úbeda cuenta con un medio con con facilidad para imponer el músculo y que llega entero. En contrapartida, la baja de Fausto Vera (esguince del colateral medial grado dos de la rodilla derecha) obliga a Chacho a encontrarle un compañero a Aníbal Moreno.
En la tablet, la cancha 2 del Camp, la pizarra y la tevé, Coudet deberá terminar de darle consistencia a un River que llega con la espalda robusta de las victorias. Y que aspira a que el domingo a la tarde, después de que se terminen de barrer los papelitos que bajarán des de las tribunas, luzca tan estupendo como Chacho ha reconocido estar…


