
Más allá de una interna que parece no tener retorno, el Gobierno entró en una etapa de constantes presiones y pedido de explicaciones que ya no sólo parten desde la oposición. La oposición, en todo caso, prefiere estar agazapada y no mostrar muchas cartas.
Mientras esto sucede el ministro de Economía, Luis Caputo, asegura a quién quiera escuchar que se vienen los 18 mejores meses de la Argentina.
“El proceso de desinflación, que venía muy pronunciado, se vio interrumpido el año pasado en el proceso previo a las elecciones donde hubo una dolarización masiva y una caída fuerte de la demanda de dinero”, dijo Caputo. “Todavía estamos purgando aquella caída de la demanda de dinero, pero a partir de abril vamos a ver una desaceleración de la inflación importante. Vamos a ver un proceso de desinflación con mayor crecimiento”, agregó.
En esta línea, aseguró que “mientras sigamos haciendo las cosas que estamos haciendo, la inflación va a tener certificado de defunción” y que “el cuándo depende de cuánto se recupere la demanda de dinero, la confianza y la tasa de interés, que ya está bajando”. Enfatizó:“Entramos en un proceso virtuoso en el cual los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas”.
Por otro lado, Caputo viajó a Washington para participar de la Asamblea de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial donde comenzó las negociaciones para conseguir un crédito bancario de más de US$ 3.000 millones con el respaldo de los organismos internacionales.
El ministro, más allá de la presión que ejercen los bancos de inversión para que la Argentina salga al mercado internacional de deuda, se niega a hacerlo. “No vamos a salir al mercado, olvídense, el riesgo país de la Argentina no es de 500 puntos como marcan ustedes, es menos, nunca vamos a salir con esa tasa”, repite Caputo a los banqueros.
Pero más allá de la macro, comienza a preocupar la micro. La mora sube en los bancos y en las billeteras virtuales, un claro síntoma que los salarios pierden contra la inflación. De hecho, la inflación de marzo fue de 3,4% y está cerca de 10% en el primer trimestre del año.
En el congreso celebrado la semana pasada por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina (AmCham), Caputo afirmó que los empresarios tienen que cambiar la música. Y volvió sobre los ejemplos de lo que había que hacer (la reconversión de Lumilagro, que dejó de fabricar termos y ahora los importa desde China) y lo que no había que hacer (sostener a Fate, una empresa que tenía 920 empleados pero que para subsistir tenía que tener otro tipo de cambio y mayores aranceles a la importación, entre otras cosas).
El caso de la fábrica de neumáticos que cerró hace dos meses sigue con fuego cruzado entre los dueños de la empresa, el sindicato y la Justicia.
Es cierto que un neumático fabricado en China de buena calidad cuesta menos en una gomería o en la góndola de un supermercado de la Argentina que el costo de uno de mediana calidad que producía Fate. Lo que también es cierto es que la empresa de Javier Madanes Quintanilla cerró pero no cerró.
Fate siempre se enfrentó a un gremio chico pero fuerte: el Sindicato Único de Trabajadores de Neumático (SUTNA).
Cuenta la leyenda que a mediados de febrero la empresa, agobiada por enormes pérdidas económicas y ya en una total carencia de romanticismo, tiró la toalla y decidió cerrar, despedir a todo su personal y pagar el 100% de las indemnizaciones. El gremio rechazó todo, se instaló en la planta y así empezó un sinuoso y largo camino legal y sobre todo paralegal.
Mientras transitan conciliaciones obligatorias varias, demandas cruzadas en la justicia penal y en el fuero laboral, varios de los trabajadores despedidos que no fueron indemnizados y la propia empresa se preguntan cómo seguirá la historia.
Hasta ahora de las 920 personas que había al momento del cierre, más de 700, decidieron firmar acuerdos de salida y cobrar su indemnización. En resumen, quedan hoy apenas algo más de 200 personas arriba de una suerte de Titanic. La mayoría de ellos son delegados sindicales o afines a los grupos que se disputan la conducción del gremio.
Según fuentes allegadas a la empresa, a lo largo de los últimos años Fate intentó mantener el barco a flote apostando a mejorar su competitividad, con la fantasía de enfrentar el tsunami de cubiertas importadas de China.
En la empresa dicen que las inversiones en nuevas máquinas nunca se transformaron en mejoras reales de productividad y de eso también culpan al gremio.
En su momento el SUTNA calificó de «artero e ilegal» el despido de los trabajadores y dijo, además, que la mayoría fueron notificados mientras estaban de vacaciones.
El líder del sindicato, Alejandro Crespo, insistió en la «mala fe» para negociar de la firma de la familia Madanes Quintanilla, y aseguró que Fate está incumpliendo un convenio homologado que garantiza la estabilidad laboral hasta junio de 2026.
“Son muchos los que recuerdan -aún con sorpresa- el arrebato ideológico del gremio, que siempre puso su egolatría y sus excéntricas ambiciones políticas por encima de los intereses de los trabajadores a quienes decían representar», dice una importante fuente de la empresa. «Hoy, dos meses después, en esta suerte de bizarro epílogo post-mortem, observamos este reality show macabro en el que un grupo extremista de pseudo gremialistas hace embargar las cuentas bancarias de la empresa impidiendo así el pago de indemnizaciones. En criollo: después de haber prendido fuego el barco, hunde los botes salvavidas”, agrega la fuente. «Mientras tanto, atribulados funcionarios, jueces y fiscales de diversos bandos debaten sobre el sexo de los ángeles”.
Así están hoy las cosas en Fate: un dueño enojado, un sindicato sin intenciones de ceder, una empresa cerrada, judicialización del conflicto y un Gobierno que tomó posición hace tiempo al encasillar a Madanes Quintanilla como un empresario prebendario y apostar por los Lumilagro y no por los Fate de la Argentina.