
Una noche de locos, de esas bien Copa Italia y en terreno hostil. En Bérgamo, en la cancha de AtalantaLazio sacó pecho y se metió en la final tras una serie que ya venía caliente desde la ida (2-2) y que terminó explotando en los penales. Ahí emergió Edoardo Motta en modo gigante: atajó cuatro ejecuciones consecutivas y escribió una página inolvidable.
El partido fue un sube y baja tremendo. A los 84’, cuando el empate parecía sellado, Alessio Romagnoli metió un cabezazo en un córner y puso el 1-0 que hacía soñar a los romanos en campo rival. Pero la respuesta fue inmediata: dos minutos después, Mario Pašalić cazó un rebote en la puerta del área y clavó el 1-1.
En el descuento, Motta ya empezaba a avisar lo que vendría: le sacó una pelota bárbara a Scamacca y, en la continuidad, el delantero la tiró al palo. En el alargue, Atalanta llegó a festejar con Raspadori, pero el gol fue anulado por offside. Sin más diferencias, la historia se fue a los doce pasos.
Ahí arrancó el show. Fallaron Nuno Tavares y Cataldi para la Lazio, pero Motta se agigantó: le tapó los remates a Scamacca, Zappacosta, Pašalić y De Ketelaere en una ráfaga histórica. Algo que nunca había ocurrido en la historia de la Copa Italia. El chico de 21 años entro en los libros de una Copa con mucha historia.
Final asegurada y rival confirmado: será ante Inter el 16 de mayo. Pero la noche ya tiene dueño: Motta, el que se quedó con todo en casa ajena.