
Europa lleva décadas discutiendo sobre la importancia de la autonomía estratégica. Y ahora le entran las prisas porque, por primera vez en un siglo, empieza a entender que el amigo estadounidense se desentiende de su seguridad y que la OTAN puede ser en realidad poco más que una cáscara vacía.
El gasto militar de los 27 países de la Unión Europea, sumado al británico y al noruego, alcanza alrededor del 60% del gasto militar estadounidense. Debería ser suficiente si los europeos tuvieran una política de defensa común coherente y no compraran y fabricaran cada uno por su cuenta, como hicieron durante décadas.
La Comisión Europea intenta ahora que no ocurra lo mismo con la inteligencia artificial militar, aunque el bloque va con retraso y los recursos disponibles son ínfimos en comparación con lo que está gastando Estados Unidos y con lo que se sospecha que está gastando China, cuyos datos son prácticamente imposibles de verificar.
Los europeos empiezan a movilizar recursos en serio para construir una capa soberana de IA para la guerra. En los últimos meses ha habido varios acuerdos, anuncios y lanzamientos de programas de financiación de IA que muestran que la iniciativa existe, aunque es muy pequeña si Europa quiere esa autonomía estratégica tan cacareada.
Los primeros acuerdos importantes llegaron a principios de año, cuando la startup francesa ‘Mistral AI’ firmó un contrato con el Ministerio de Defensa galo para permitir que los militares franceses usen sus herramientas de IA. Un mes después llegó el anuncio de la alemana Helsing y del fabricante de sensores Hensoldt. Juntos presentaron el proyecto para fabricar el CA-1 Europa, un pequeño avión de combate autónomo impulsado por inteligencia artificial e íntegramente fabricado en Europa.
La semana pasada la Comisión Europea anunció las adjudicaciones de fondos para proyectos presentados en 2025 dentro de su Fondo Europeo de Defensa y que, en este 2026, ese fondo tendrá 1.000 millones de euros dedicados en su mayoría a inteligencia artificial militar.
El problema europeo es también de falta de grandes empresas que puedan competir con sus pares estadounidenses.
El gran actor industrial europeo por el momento es la alemana Helsing, que ya vale 12.000 millones de euros tras un rápido crecimiento. Su sistema Altra ya se usa en drones ucranianos y en aviones Eurofighter (el avión de combate fabricado por Francia, Alemania y España) para guerra electrónica. Es objetivo declarado de la empresa es construir IA militar que no dependa de tecnología estadounidense y sirva para reforzar esa autonomía estratégica europea.
La francesa Mistral AI, valorada en 11.000 millones de euros, quiere ser el gran proveedor de infraestructura de IA para los gobiernos europeos. Además del pacto con la Defensa francesa, ya negocia con Alemania y con Bélgica. Son las únicas de un tamaño considerable que les permite lanzar inversiones de miles de millones.
El problema europeo es de tamaño, porque el gasto europeo sigue siendo muy pequeño frente a Estados Unidos y China, las dos superpotencias de las que Europa, asegura, debe defenderse sola.
Los números marcan diferencias. Estados Unidos destinó en 2025 más de 25.000 millones de dólares a programas de IA militar. En 2026 serán más de 66.000 millones. En conjunto, su gasto en I+D militar se acerca a los 150.000 millones de dólares anuales.
Sumando sus 27 Estados miembros, en Europa la I+D militar llegó en 2025 a 14.400 millones. Entre 2021 y 2027 el Fondo Europeo de Defensa estima un gasto de 7.300 millones de euros, lo que Estados Unidos gasta en cuatro meses.
China es más opaca, pero los informes que maneja la Comisión Europea advierten que Beijing está cerrando la brecha tecnológica y de presupuestos con Estados Unidos y ya está muy por encima de los europeos en cuanto a gasto y a tecnología.