Hay errores que marcan el desarrollo de un partido. Y Nahuel Viñas no solo tuvo uno, si no que fueron dos y muy graves. Es imposible contar el triunfazo de Centro Norte sin mencionar el protagonismo que tuvo el árbitro en el encuentro. Agustín Lamosa metió un golazo, sí. Pero en la previa, luego de trastabillar, el surgido en San Lorenzo se tiró arriba de la pelota y la tocó burdamente con la mano. El juez dejó seguir pese a tener una vista privilegiada de la jugada y el lateral la colocó abajo en un palo para metió el 1-0.
Claro, a partir de ahí fue todo cuesta arriba para Racing de Córdoba. Había arrancado con el cuchillo entre los dientes, pero tras el gol empezaron los murmullos y el nerviosismo. A falta de 5’ para el entretiempo, el referí, quién sabe si para compensar, echó a Padilla, uno de los centrales de los salteños, por doble amarilla.
Tras intentar durante todo el complemento, la Academia llegó a la igualdad con el gol de Centurión. Pero un puñado de minutos después, el árbitro volvió a ser protagonista: Gaspar Vega cuerpeó a Borda en buena ley en el área y Viñas cobró un insólito penal. El propio #9 convirtió la pena máxima y le permitió al Azabache llevarse tres puntos de oro en la lucha por la permanencia. Fue un batacazo como con la mano…





