
El personaje de Glen Powell aún podía haber dado un salto más hacia convertirse en la peor persona del universo. Se salva, sí, pero solo por los pelos: el guion original le iba a tratar mucho, muchísimo peor
En 1949, Alec Guinness hizo ocho papeles distintos en la mítica comedia Ocho sentencias de muerte, en la que un joven cuya madre fue deshonrada por su familia millonaria tiene que matar a las ocho personas restantes en la línea de sucesión para hacerse con el dinero. Ahora, su remake, Jugada maestra, trata mucho mejor a su protagonista de lo que la hacía aquella, aunque estuvo a punto de tener un final infinitamente más pasado de vueltas. ¡Ah! Por supuesto, a partir de aquí hay spoilers. ¡Obviamente!
Jaque mate
En la película original, cuando su protagonista salía de la cárcel, se veía obligado a elegir entre Edith y Sibella, las dos mujeres de su vida. Sin embargo, no le da tiempo: cuando un periodista le pregunta por sus memorias, se da cuenta de que se las ha dejado escritas en el interior de su celda… ¡Dejando pruebas de todos los asesinatos que ha cometido! Pocas cosas pueden superar este nivel de mala leche.
Lo que vemos en la película actual es, de hecho, mucho más light: cuando Becket sale de prisión tras darle todo su dinero a Julia para librarse de la pena de muerte, se encuentra de cara con su pareja, Ruth, que simplemente se marcha. Entonces, Becket se va con Julia a disfrutar de su dinero, aunque sea sin amor. La versión original de todo esto era muchísimo más maligna sin necesidad alguna.
Tal y como ha desvelado su director, John Patton Ford, en unas escenas que se acabaron eliminando en el guion Ruth acaba dando a luz al hijo de Becket, pero este, al salir de la cárcel, decidía irse con Julia siguiendo el dinero en lugar del amor. Pero claro, habría sido un castigo para el público y, además, no pegaría con el personaje construido por Glen Powell. Al final, es ella la que le rechaza a él, porque no podría ser de otra manera. Todos contentos.