
Cuando muchos empresarios venden sus compañías por cifras multimillonarias, suelen retirarse con toda la ganancia. Graham Walker tomó otro camino. El propietario mayoritario de Fibrebond, una empresa familiar de Minden, Luisiana, decidió repartir 240 millones de dólares entre los trabajadores que permanecieron junto a la compañía durante sus momentos más difíciles.
La empresa, dedicada a la fabricación de estructuras y recintos para equipos eléctricos e infraestructura tecnológica, fue vendida este año por 1.700 millones de dólares. Como parte del acuerdo, Walker exigió que el 15% de las ganancias de la operación quedara destinado a los empleados de Fibrebond, según informó Yahoo Finance.
En total, 540 trabajadores de tiempo completo recibieron bonos. Según el promedio informado, cada uno obtuvo unos 443.000 dólares. Algunos empleados con más antigüedad cobraron cifras mucho mayores. El dinero se entregará durante cinco años, siempre que los trabajadores continúen en la empresa. En el caso de quienes superan los 65 años, el pago llegó completo y sin obligación de seguir trabajando.
Los empleados no tenían acciones ni participación societaria. El dinero llegó por decisión directa del fundador y de su familia, como informó Yahoo Finance.
Walker explicó que buscó premiar a quienes acompañaron a Fibrebond durante décadas marcadas por crisis económicas, incendios y amenazas de cierre. También sostuvo que quería asegurar una transición ordenada hacia los nuevos dueños.
“Si hubiera repartido el dinero por mi cuenta, no creo que hubiéramos tenido muchos empleados al segundo día”, explicó sobre la decisión de distribuir los pagos de manera escalonada.
El anuncio sorprendió a todos. Para comunicar la noticia, los ejecutivos de la compañía instalaron una carpa blanca afuera del depósito principal de Fibrebond. Allí prepararon galletas y bebidas para los trabajadores.
Uno por uno, los empleados escucharon cuánto dinero recibirían. Algunos pensaron que se trataba de una broma o de una cámara oculta. Otros rompieron en llanto. Según los testimonios, nadie pudo ocultar la emoción.
La historia de Lesia Key se convirtió en uno de los casos más representativos. La mujer aseguró que no podía creer lo que escuchaba cuando le informaron sobre el bono. Según informó Yahoo Finance, con el dinero pagó la hipoteca de su casa doce años antes de lo previsto y además abrió una boutique, un sueño que tenía desde hacía tiempo.
En una carta dirigida a los trabajadores tras la venta de la empresa, Walker elogió el compromiso del equipo. “La semana pasada fue para el equipo que construyó Fibrebond”, escribió. También destacó “el profundo respeto” entre los empleados y describió el momento como “inmenso y sagrado”.
Fibrebond nació en 1982 de la mano del padre de Graham Walker. En sus primeros años fabricó estructuras para teléfonos y equipos eléctricos. Más tarde se especializó en recintos de hormigón para torres de telefonía celular.
Pero la empresa atravesó tiempos complejos. En 1992, un incendio destruyó gran parte del negocio. La familia Walker mantuvo el pago de salarios mientras reconstruía la planta. A comienzos de los años 2000, la explosión de la burbuja puntocom dejó a la compañía al borde del colapso, con apenas tres clientes.
Cuando Graham Walker tomó el control del negocio, vendió activos para cancelar deudas y buscó nuevos mercados. En 2013 lanzó una división industrial y luego invirtió 150 millones de dólares en infraestructura para centros de datos. La apuesta resultó exitosa. Las ventas crecieron un 400% en los últimos cinco años y despertaron el interés de potenciales compradores.
Walker describió que su decisión se basó en que simplemente quería hacer algo bueno y evitar la vergüenza de no compartir su fortuna con la comunidad donde construyó su empresa.