Giorgia Sommacal iba a cumplir 23 años en julio y estaba a punto de graduarse de ingeniería biomédica en la Universidad de Génova. Ese futuro quedó trunco de forma trágica el 14 de mayo, cuando realizó una fatal inmersión en las Maldivas junto a su madre, la bióloga marina Monica Montefalcone, de 51, en la «cueva del tiburón» del atolón de Vaavu.
Ambas formaban parte del grupo de los cinco buzos italianos que perdieron la vida en una trágica expedición de buceo. En total ya son seis las víctimas fatales, tras la muerte del sargento maldivo Mohamed Mahdhee, un buzo militar que falleció mientras cumplía con la misión de recuperación de los cuerpos en la cueva submarina.
Giorgia Sommacal y su madre, Monica Montefalcone, murieron juntas en un accidente de buceo.La Fuerza Nacional de Defensa de Maldivas (MNDF) confirmó que lograron recuperar tres cuerpos -el primero fue el de Gianluca Benedetti, el capitán del barco, cuyos restos fueron repatriados hacia Milán- y aseguraron continuarán con el operativo de «riesgo crítico», calificado así por la visibilidad casi nula y los espacios extremadamente estrechos.
Tres buzos expertos finlandeses localizaron y recuperaron el cuerpo de Montefalcone, que además era docente e investigadora, y el de Federico Gualtieri, de 31 años, su exalumno y graduado en biología y ecología marina.
Federico Gualtieri tenía 31 años y era biólogo y ecólogo marino. Foto: FacebookHarán otra inmersión el miércoles para concretar la recuperación del cuerpo de Giorgia y de otra investigadora y exestudiante, Muriel Oddenino.
El dolor de Federico Colombo, el novio de Giorgia Sommacal y yerno de Monica Montefalcone
En diálogo con el medio italiano Il Messaggero, Federico Colombo, un joven genovés de 26 años, confesó que aún está en estado de shock por el fallecimiento de su novia, Giorgia, y su suegra, Monica.
Federico y Giorgia se conocían desde la escuela primaria y estaban de novios hace casi tres años. «Me escribió: ‘Buenos días, cariño, vamos a bucear. Hablamos luego’, y sigo esperando ese ‘luego'», expresó desconsolado.
«Llevo dos días enviándole mensajes, como si ella aún pudiera leerlos. Y seguiré haciéndolo, aunque no habrá más respuesta del otro lado de la pantalla», comentó.
Cinco italianos fallecieron en un accidente de buceo cuando exploraban cuevas a 50 metros de profundidad en el atolón de Vaavu. Foto: EFE«Para mí, ella sigue ahí, en las Maldivas. Se suponía que regresaría el 24 de mayo, el día de mi cumpleaños. Creo que comprenderé de verdad que ella se ha ido cuando llegue ese día», expresó Colombo.
Con el dolor a flor de piel, la definió como «un rayo de sol, una chica de oro, que tenía una luz especial y una dulzura inexplicable» y confesó que iba a pedirle casamiento en dos meses.
«Giorgia se iba a graduar en julio con su licenciatura en Ingeniería Biomédica, antes de continuar con su maestría, quería respetar su carrera y estaba esperando para pedirle matrimonio; hablamos de formar una familia, de una vida juntos, de tener hijos», reveló.
«Giorgia sentía una pasión innata por el buceo y el mar. Cada año, viajaba a las Maldivas, siempre en mayo, para bucear con su madre. La ayudaba a investigar y proteger el medio ambiente marino y ambas tenían todas las certificaciones posibles», aseguró.
Siempre que volvía de bucear Giorgia le contaba con lujo de detalles todo lo que había visto en las profundidades. «Era como si quisiera que viera el mar a través de sus ojos, siempre me hacía sentir el hombre más importante de su mundo», lamentó.
Giorgia Sommacal tenía 22 años y había hecho más de 500 inmersiones con su madre. Foto: FacebookSu suegro fue quien le comunicó la peor noticia ni bien lo llamaron autoridades de la embajada italiana. «Carlo Sommacal, el padre de Giorgia, perdió a una hija y a una esposa; Matteo, el hermano de Giorgia, perdió a una madre y a una hermana; y yo perdí a la mujer de mi vida«, expresó.
Una carta de amor para despedirse
A modo de homenaje, Colombo escribió una carta que fue publicada en Il Secolo XIX. «La pérdida de Giorgia y Monica me enseñó algo que quizás no había comprendido del todo: nada en la vida se puede dar por sentado», dice en la introducción.
«Estamos tan acostumbrados a la presencia de la gente, a los gestos cotidianos, a las palabras dichas con distracción, que a menudo olvidamos su verdadero valor; luego llega una ausencia y de repente te das cuenta de lo importantes que eran incluso las cosas más pequeñas: una sonrisa, una llamada, una risa sin motivo, los silencios compartidos», expresó.
Giorgia Sommacal y Federico Colombo estaban juntos hacía dos años y ocho meses. Foto: Federico Colombo/Facebook«He aprendido que debemos estar más agradecidos por el presente, porque es lo único que realmente tenemos. Necesitamos vivir sin esperar siempre el momento adecuado, sin posponer lo que nos hace felices», reflexionó.
«Deberíamos tener el valor de amar más, de expresar lo que sentimos, de abrazar con fuerza a quienes amamos y de disfrutar cada momento, incluso los que parecen triviales o insignificantes, porque a menudo son precisamente esos momentos los que se convierten en los recuerdos más preciados», destacó.
«La vida pasa volando y nunca nos avisa cuando algo está a punto de terminar. Por eso creo que vivir de verdad significa estar presente con el corazón, con el alma, con sinceridad», remarcó el joven.
«Significa reír sin miedo, emocionarse, hacer locuras, perdonar, soltar lo que te pesa y aferrarte a lo que de verdad importa antes de que se convierta en un recuerdo», continuó.
«Siempre amamos demasiado poco y demasiado tarde, démosnos prisa en amar, porque al final de la vida nos juzgarán por eso y si algo aprendí de Giorgia y Mónica es que no existe el amor desperdiciado», concluyó.