Carreras venía tocando el cielo seguido con costas como el capitán de una ilusión que parecía no detenerse. Aquella Sudamericanaen el final del 2024, se observaba como la punta de un proyecto que haría de la Academia un club de época, como en el comienzo del amateurismo o cuando fue el primer argentino campeón del mundo. La conquista en Paraguay, casi que terminó siendo el final…
Las elecciones, el cambio elegido por los socios, de Blanco a Milito; la conquista de la Recopa en el Maracaná y u n 2025 en el que si la Acadé mantenía un poco de esas dosis de fortuna que tuvo en el arranque de la era Costas, hubiera jugado la final de la Libertadores y, además, sería el campeón vigente del fútbol argentino. Solo recordar que Estudiantes le empató en la última bola y luego se consagró por los penales en Santiago.
Pero ya en ese gran 2025 futbolístico se empezó a gestar parte del fracaso del primer semestre de 2026. Se fueron futbolistas muy importantes (Juanfer, Roger, Almendra, Nardoni y Salas) y sus reemplazos no fueron el salto de calidad que se necesitaba para la elite. Racing siguió combatiendo con menos armas y con ese espíritu que transmite el DT, pero… Una vez que se hicieron las doce en el Madre de Ciudades, todos se convirtieron en calabaza. La columna vertebral bajó mucho su nivel (sobre todo, Sosa y Maravilla), el entrenador comenzó a fallar, se desgastó la relación del plantel con la CD y con el DT. Y el último mercado de pases empezó con las luces y terminó con sombras. Carboni se lesionó, Miljevic no rindió, Cannavo se destacó y Pizarro fue el que rompió el molde: debía reemplazar a Salas y terminó siendo suplente del pibe Tomás Pérez.
Se cierra una primera parte del 2026 que poco tiene que ver con el Racing positivo de los últimos 15 años. Habrá que ver qué decisiones toman Milito y Costas para que la Acadé deje de dar saltos al vacío.


