El director mexicano prefiere otro tipo de historias, más pequeñas y con más fundamento que las de los grandes héroes: «¿qué hacen cuando no está cayendo un edificio del espacio? ¿Van a los tacos? ¿Limpian el uniforme?»

Guillermo del Toro es uno de los directores insignia del género de fantasía. Al mexicano siempre se le ha dado bien el mundo de los monstruos, las ambientaciones tétricas y espectaculares y los incomprendidos. Como hemos visto en La forma del agua o El laberinto del fauno, se mueve muy bien entre lo fantástico y lo cotidiano, mezclando criaturas extrañas con situaciones del día a día. Esto es algo muy característico de su cine y no puede sacudírselo de encima.
Es, de hecho, una de las razones por las que nunca le veremos al frente de grandes superproducciones de Hollywood, especialmente de las de superhéroes. En una masterclass que dio el Festival Internacional de Cine de Guadalajara en 2018 -la tercera en el marco del certamen- reconoció que no llegaba a entender muy bien a esos personajes caucásicos con capita.
«Hay películas muy, muy grandes que me han ofrecido en todos los géneros, pero no las hago»
«Soy muy terco, soy muy terco. Creo que es el deber de un artista ser muy terco. No hago lo que me encargan, hago lo que quiero, lo que creo que necesito hacer. Entonces, hay periodos en que no… Si quisiera filmar cada año, por supuesto que habría ofertas. Hay películas muy, muy grandes que me han ofrecido en todos los géneros, pero no las hago«, confesó en la masterclass.
Me ha tocado que me ofrezcan los superhéroes más grandes, pero no los entiendo. Los superhéroes que me gustan son Hellboy y Hulk, el demonio de Jack Kirby… no me interesan los cuates caucásicos con capita y calzones. No entiendo qué hacer si no entiendo qué hacen en sus horas libres: ¿qué hacen cuando no está cayendo un edificio del espacio? ¿Van a los tacos? ¿Limpian el uniforme? Eso es lo que me interesa, me interesan mucho las historias aledañas
Puede que las películas de Del Toro funcionen mejor o peor en taquilla y que reciban valoraciones más positivas y algunas más negativas, pero ninguna de sus obras está vacía de contenido. El cineasta siempre tiene algo que contar y casi siempre está centrado en personajes que casi nunca son escuchados, como puede ser su último Frankenstein.
«si me dijeras: «Oye, filma la batalla de Waterloo, a Napoleón», yo diría que a mí me interesa mucho más la historia del güey que le plancha los pantalones a Napoleón, o su médico, o el cuate que arregla los cañones cuando se descomponen; algo aleatorio a la historia», continúa.
Para su próximo proyecto seguirá manteniendo esta regla. Se trata de Fury y regresa al suspense que ya trató en El callejón de las almas perdidas. Es «muy cruel y muy violento. Como Mi cena con André, pero con gente asesinada después de cada plato».