
Los mercados de pases suelen tener de todo. Rumores y noticias, verdades y mentiras, ofertas y demandas. Pero lo que pasó este martes con Julián Alvarez a una semana del Mundial 2026 es bastante inoportuno. Vale la pena contextualizar para tratar de entender cómo funciona y no dejarse obnubilar por una cantidad de ceros que dicen mucho menos que lo que realmente representan.
Una promesa de campaña electoral de Florentino Pérez que se cumple, un club propietario (el Atlético de Madrid) que también se aprovecha para poner un piso de valor elevado para aquellos gigantes europeos que habían sondeado la situación del «Araña» y un único golpeado mentalmente por estar en boca de todos.
Sí, la principal «víctima» de un ida y vuelta que escaló a niveles muy superiores es el propio cordobés de Calchín. Es que con los dolores en el tobillo izquierdo ya tiene bastante preocupación, para qué sumarle esto, ¿no?
Y ahí los invito a cuestionar. Si hablamos que para ambos clubes, más allá de los dardos picantes que se lanzaron en las redes sociales, se trata de un «win-win», ¿qué otros intereses podría haber detrás de una «noticia» como esta?.
Hay que ir un par de meses atrás. A fines de marzo, cuando la Finalissima era cancelada por la guerra en Medio Oriente y los medios españoles apuntaban a la AFA por su falta de decisión para disputar el encuentro. «Muchas mentiras y una sola verdad: Argentina no quiso jugar», tituló, por ejemplo, el diario AS, uno de los más importantes de ese país.
Entonces, con estos argumentos, la idea de generar un cimbronazo interno en la concentración de la Scaloneta no parece descabellada. Al fin y al cabo, el máximo rival en la búsqueda de este Mundial 2026 está del otro lado océano Atlántico. Tranquilos, esta vez no nos podrán colonizar.