Ian de la Rosa es el director de ‘Ivan & Hadoum’, película que llega este 12 de junio a los cines y que cuenta el romance entre dos trabajadores de una empresa hortofrutícola
Una historia de amor entre invernaderos en Almería. Ivan & Hadoum podría resumirse así, pero sería dejar fuera demasiadas cosas: la lucha de las envasadoras de las fábricas, el estado de los empresarios agrícolas, las familias inmigrantes, los vecinos ‘de siempre’, el amor trans… La ópera prima de Ian de la Rosa tiene muchas aristas, demasiadas como para resumirlo en la relación de sus protagonistas.
«Siempre existió una jerarquía clara. Por encima de todo estaba la historia de amor. Lo importante era que el espectador pudiera entrar en esta historia de deseo y enamoramiento que viven ellos dos«, cuenta el director en una entrevista con SensaCine.
La relación de la que hablamos es la de Ivan, un joven trans que está a punto de ascender a jefe de línea en una empresa hortofrutícola, y Hadoum (Herminia Loh), una trabajadora hispano-marroquí que envasa tomates. Su relación se desarrolla bajo el dilema de Iván sobre si traicionar su dignidad y origen social para conseguir su anhelado ascenso en la agroindustria capitalista. «Están las demás capas: las identidades de los protagonistas, él siendo transgénero y ella hispano-marroquí; la cuestión transcultural; la clase social y el trabajo en el almacén donde se conocen; y también el anhelo de ascensión social de Iván para poder ofrecer a su familia una casa mejor. Todo eso funcionaba para mí como un prisma, un caleidoscopio que forma parte tanto de Almería como de los personajes. Pero nunca podía ponerse por encima de lo que les estaba pasando a ellos dos».
Ambientarla en Almería, la provincia que le ha visto crecer, le ha dado la oportunidad a De la Rosa de contar la realidad más cercana a él. «Níjar y Almería formaban parte de la idea desde la primera vez que pensé la película. Cuando imaginé una historia de amor entre estos personajes, la imaginé entre invernaderos. Fue así desde el principio y nunca pensé en otro lugar», señala, «De forma inconsciente era lógico: es mi pueblo, mi tierra, una fuente de inspiración increíble, con una luz maravillosa. Pero luego, analizándolo de manera más consciente, vi que Almería tenía una conexión evidente con los personajes».
Es una conexión trans en el sentido de que Almería es muy famosa por servir de escenario natural para representar otros lugares, pero pocas veces se representa a sí misma. Siempre es otro país, otro territorio. Además, es trans en un sentido transcultural, como el personaje de Hadoum. Es un lugar que alberga culturas muy diferentes que se congregan alrededor de la agroindustria.
Avalon
La película supone un hito cinematográfico al contar historias transmasculinas desde la propia mirada de cineastas y actores trans, rompiendo con siglos de invisibilidad absoluta. El protagonista que da vida a Iván es Silver Chicón, un artista transdisciplinario, drag king y DJ originario de Málaga -aunque lleva diez años viviendo en Londres- que llegó a la película por insistencia de una amiga. «Llegué gracias a Beatriz Sastre, que acabó siendo la directora de fotografía de la película y es amiga mía desde hace más de diez años. Me dijo que estaban buscando personas que no fueran necesariamente actores profesionales y me insistió muchísimo para que me presentara. De hecho, llegó a enviarle mis fotos a Ian», cuenta el actor.
Al principio hubo un poco de tira y afloja. Ian no terminaba de verme por foto, el asunto quedó aparcado, pero finalmente me llamaron para hacer una prueba. Yo me presenté por la experiencia y también por darle el gusto a mi amiga. Recuerdo que ella me decía: “Si no te presentas, te vas a arrepentir toda la vida porque esto va a ser un peliculón”.
El caso de Herminia Loh es completamente diferente. Terminó en la película dando vida a Haduom porque estaba bien posicionada en Google. » Ian me contó que estaba escuchando la radio y oyó hablar de una cantante hispano-marroquí. Entonces buscó en Google “cantante hispano-marroquí andaluza” y aparecí yo. Empezó a investigar, habló con Marichu y consiguieron mi contacto. Hice una primera prueba en diciembre de 2024 con otros actores y más tarde hice otra con Silver. Poco después nos dijeron que los personajes eran para nosotros».
Ensayar mucho para rodar de la manera más natural posible
Durante los 25 días de rodaje bajo intensas olas de calor, los actores nunca leyeron el guion -o, al menos, no por completo-. El director prefirió dedicar los meses previos al rodaje a ensayos y ejercicios de improvisación para que cuando llegara el momento clave pudieran ser libres en su interpretación.
«El guion siempre estuvo ahí, pero estaba de nuestra parte. Ningún intérprete tuvo el guion en sus manos. Era un texto muy trabajado, pero funcionaba como una guía», cuenta De la Rosa, «Lo que hacíamos era trabajar cada escena desde la improvisación. Partíamos de una situación concreta, a veces leíamos la escena sin diálogos para que entendieran lo que ocurría, y poco a poco, mediante las improvisaciones, iban apropiándose de ella. Incluso podíamos introducir frases que estaban en el guion sin que ellos las hubieran leído».
«Después de ensayar tantas veces cada secuencia, cuando llegábamos al rodaje ya íbamos bastante seguros. Incluso había ocasiones en las que Ian nos miraba y ya sabíamos qué quería que cambiáramos sin necesidad de decir nada», reconoce Loh, «No era improvisación pura porque había un guion muy trabajado detrás. Pero sí había momentos en los que surgían cambios inesperados».
«La improvisación se utilizaba más como herramienta durante los ensayos. Empezábamos desde algo muy abierto para evitar que los diálogos sonaran memorizados y poco a poco íbamos concretando cada escena. Era un proceso que iba de lo más libre a lo más específico», añade Chicón.
Avalon
El vertiginoso recorrido de Iván y Hadoum la ha llevado por Berlín, entre otros festivales, y ha supuesto «una especie de burbuja o de paréntesis dentro del día a día» para sus protagonistas, como dice Herminia. A lo largo de estos meses, han recibido todo tipo de reacciones positivas. Tal y como la define su director, Ian de la Rosa, «la película es un abrazo, una invitación al espectador» que «funciona muy bien como refugio, porque te regala ese deseo y ese amor que tienen los protagonistas». Y confiesa emocionado que, al terminar los coloquios, a los asistentes «se les ve con cara de enamorados, o con ganas de enamorarse».
«Una de las cosas que más me está llamando la atención es que viene un público muy intergeneracional y muy diverso. Personas de todo tipo de contextos conectan con la película, y no necesariamente gente de la comunidad LGBTQ+», cuenta Chicón, «Ver a personas mayores o a públicos muy distintos emocionarse con la historia es muy fuerte. Al final todo el mundo conecta con la historia de amor. Y, al mismo tiempo, la película está dando visibilidad a la transmasculinidad. Para mucha gente es la primera vez que ve a un chico trans representado de una manera tan natural y orgánica».
Herminia reconoce que no siente pertenecer a esta industria y que su día a día sigue marcado por la realidad de la clase obrera: «Mi realidad sigue siendo buscar trabajo, echar el paro, pagar el alquiler, cuidarme y cuidar de mis amigas». Dos mundos que se entremezclan de manera inevitable pero que, al final, confluyen en el objetivo real que todos compartían al hacer esta película: «tocar algo dentro de quien la ve y hacerle sentir cosas».